jueves, marzo 30, 2006

El mal pulpero.

Había una vez un pulpero que tenía una pulpería en un barrio de nuestro país. Un lunes para la madrugada cuando se aprestaba a abrir su negocio se dio cuenta que sólo tenía en el enfriador una barra de mantequilla. Frente a esta situación se planteó los siguientes problemas: a) El distribuidor de productos lácteos sólo pasaba los viernes. b) el dinero para los lácteos él lo guardaba en un cajón específico, y como el viernes había comprado productos para el lunes ese cajón tenía muy poco dinero, por lo que no podía comprar mucha mantequilla a riesgo de quedarse sin dinero para el pedido ordinario de los viernes. c) si abría el negocio y se le agotaba la mantequilla los clientes se irían a buscarla al abastecedor de su competidor, quedando su nombre comercial afectado ya que muchos vecinos podrían pensar que en esa pulpería no se encuentran los productos básicos. Frente a tantas posibilidades, el pulpero no lo piensa y toma dinero del cajón del dinero para las verduras (de las cuales tiene suficientes) y llama a otro proveedor para que le mande de emergencia más mantequilla.

Ahora imagínese que el pulpero es el Estado. Frente a los mismos problemas el Estado no tiene las soluciones del pulpero: Primero: Si no tiene dinero en una partida presupuestaria específica para ello, no puede comprar mantequilla. Si tiene dinero en una partida presupuestaria diferente, no puede tomar el dinero y utilizarlo para comprar la mantequilla por cuanto de previo debe realizar un procedimiento de modificación presupuestaria autorizada por entes tan “eficientes” como la Contraloría y la Autoridad Presupuestaria. Por último si de casualidad tuviera el dinero, no puede llamar a un proveedor de emergencia sino que debe convocar a por lo menos tres proveedores y pasar un procedimiento de Contratación Administrativa que durará en el mejor de los casos un mes (si es una contratación directa).

¿Y sabe usted cuál es el problema mayor? Que usted y yo los clientes (usuarios) del Estado, no tenemos la opción de los clientes de la pulpería. Algunos de los servicios del Estado sólo pueden ser dados por el Estado (certificaciones de nacimiento, registro de propiedad, pago de multas de tránsito, pago de impuestos, y un enorme etcétera…), y los usuarios no tenemos la opción de acudir a otro pulpero para obtener el mismo servicio (aquí no cabe la discusión de la privatización y la competencia, no estoy hablando de servicios rentables como los del ICE, me refiero a los servicios básicos que cualquier Estado, hasta el más ultraliberal, debe prestar).

Durante los últimos años, nuestra sociedad ha venido exigiéndole al Estado mejores servicios, más eficiencia, mejor planificación, reducir la corrupción y mejor atención al público. Pero a la vez hemos exigido que el Estado tenga cada vez más estrictos controles sobre los recursos públicos, y la conclusión parece ser que en el actual marco legal, el exceso de trámites, controles y procedimientos establecidos por Ley superan la posibilidad real de tener un Estado eficiente. Y a pesar de todas las leyes de control interno y en contra de la corrupción, los actos de corrupción siguen existiendo y lo que es peor quedando impunes.

Algunos sostienen que todo comenzó en 1978 con la aprobación de la Ley General de la Administración Pública y que el clímax de esta situación la ha provocado la Ley en contra de la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito, que obliga a ciertos funcionarios a declarar bajo juramento hasta el contenido de su guardarropa para luego establecer un grupo de supuestos delitos que a la vista de un novato del Derecho Penal como el suscrito resultan inconstitucionales e inaplicables. Esa ley, en mi criterio es el mejor ejemplo de los males de nuestro Estado: Por un lado establece un rigor casi humillante en el tema de las declaraciones juradas de bienes de los funcionarios (por cierto, una de las muchas razones por las cuales algunos de los futuros ministros del Dr. Arias han rechazado el ofrecimiento de formar parte del Gabinete), pero por otra la redacción de la parte sancionatoria penal deja tipos penales abiertos, redacciones poco claras y violaciones a principios constitucionales (con lo que podemos decir que no va a ser posible meter a la cárcel a nadie por los delitos creados en esa norma). La Administración Pública ha evolucionado hacia el control por el control, olvidándose de administrar y además (y es lo más grave) imposibilitada materialmente por las misma leyes a sancionar.

De modo que nuestro pulpero Estado no puede comprar mantequilla el lunes por la mañana, porque si la compra usando los fondos del otro cajón, algún ente de control detendrá la contratación por tiempo indeterminado, y además se le abrirá un procedimiento al pulpero que intentó la compra para despedirlo con el resultado de que dos años después por orden de la Sala Constitucional habrá que reinstalarlo en su puesto, y el que lo sustituyó durante esos dos años nunca pudo comprar la mantequilla por cuanto la contratación sigue esperando el refrendo de la Contraloría.

Mientras tanto, la fila de la pulpería ya se salió del barrio, y el pulpero está pensando seriamente en llamar a los anti-motines, por cuanto por razones que no comprende los integrantes de la fila están hartos de esperar la mantequilla…

7 comentarios:

enarvaez dijo...

Eduardo, con tu comentario básicamente has explicado en muy pocas palabras lo enredado que está el Estado costarricense, el control por el control. Me recuerda a una frase de un comic que decía "Who watches the Watchmen", que de alguna forma especifica niveles de control apilados uno sobre otro pero que no ayudan a que se haga la labor inicial, la cual es realmente la razón de ser de las instituciones.
Si luego nos ponemos pensar la cantidad de dinero que se gasta en eso, pues allí tenemos la respuesta del porque no se ha erradicado la pobreza en nuestro país a pesar de que existan hasta los fondos para ellos, nos "quedamos" en los preliminares.

Solentiname dijo...

Estamos absolutamente entrabados. Te faltó incluir la ley de control interno y la labor inquisidora que han asumido las auditorías entre los males.

Ericjms dijo...

Como lo decía un profesor universitario que tuve no hace mucho:

Al Estado lo que le hace falta es un buen gerente.

Esto porque, según los principios fundamentales de la gerencia, el Estado sería eficaz y eficiente si cumpliera con las labores básicas de:

- planear,
- organizar,
- dirigir,
- controlar.

Pero parece que el gobierno tico se brincó de manera olímpica las primeras tres.

Ericjms dijo...

A propósito, te invito a pasar por mi blog y leer un post que concierne al tema.

Humo en tus ojos dijo...

fuuuuuuuuuhhh!!! es como mover un elefante lesionado sin gruas...
... queda pendiente...a falta de mantequilla, como resolvemos que ponerle al pan??????

Floriella dijo...

Esta cosa está muy enredá y no hay gerente que alcance...

Anónimo dijo...

Eduardo
Me he tomado la libertad de transcribir su artículo (Reconocimiento de Autor y fuente incluído) en el Foro de CostaRicaNuestra.com
Puede encontrar la referencia aquí

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Sería un honor tenerlo como parte de nuestra comunidad intelectual.