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jueves, abril 24, 2008

¿Quién me ha robado el mes de abril?

No, no es una columna de Sabina. Es una realidad que me ha ocurrido este mes cuando me doy cuenta que sin Semana Santa, con el 11 de abril transformado en un fin de semana de fiesta, con un Cow Parade, un FIA, cientos de noticias de sucesos, una campaña de publicidad que parecía inducir al fascismo, una Ministra de Seguridad con matemática ceguera, presas, presas y más presas, y mis curso llegando al final del cuatrimestre de repente me doy cuenta que hoy es 24 de abril, y que no he escrito nada este mes.

Siempre me llamó la atención el 24 de abril por cuanto en la UCR esta fecha era particularmente emblemática. Se rememoraba la hazaña de los estudiantes universitarios de ser derrotados miserablemente en la Asamblea Legislativa por el Contrato Ley de ALCOA, lo que provocó que aquellos extremistas de izquierda de los setentas se dieran cuenta que en realidad tenían madera para otras cosas y se transformaron (con pocas excepciones) hacia el neoliberalismo exacerbado. Esos son los yuppies que ustedes y yo vemos de saco, corbata, BMW y sus cincuenta años cantando en los conciertos de Mercedes Sosa o de Serrat.

Abril siempre fue uno de mis meses favoritos por cuanto era el mes del mejor clima y que mejor probaba la supina estupidez de nuestro sistema educativo que obliga a los estudiantes a acudir a lecciones en los dos mejores meses del verano (marzo y abril) y los deja en vacaciones en diciembre aún bajo los aguaceros. Cuando llegué a la Universidad debo admitir que era difícil que me pescaran en un aula en el mes de abril. Era más importante organizar la Semana Universitaria, salir en las tardes a tomar café fuera del campus o jugar baloncesto los sábados hasta caer muertos a las seis de la tarde.

De hecho durante la mayoría de mis años como profesional siempre busqué que mis vacaciones fueran en abril para aprovechar el clima. Y cuando había un FIA esto implicaba ir a cuanta actividad pudiera.

Pero este año el abril se me ha hecho humo. Del FIA sólo pude captar un domingo en la Sabana dodne un grupo español infantil nos puso a padres e hijos a bailar y jugar (mis hijos lo disfrutaron, pero mucha gente quedó algo escandalizada cuando los aragoneses pidieron disculpas por las letras de algunas canciones por cuanto en España le decimos al pan, pan, al vino, vino y al culo culo). Pude ver la orquesta de Manuel Obregón acompañar a Gieco por tele (pésima señal de canal 13) y me quedé esperando el acto de clausura del FIA. Pero me fui invicto sin teatro lo cual me hizo falta.

Y abril se va cada vez más rápido, y no hubo desfile el 11 de abril (¿o si?) y Canal 7 sacó su nueva mortadela al aire y todo siguió avanzando. Y este abril otrora lleno de actividades de recreación y descanso se me escapó de las manos ¿quién se lo robó?

¡Un momento! Grita la conciencia. Estuvo tu trabajo, tu estudio pero sobre todo estuvo tu familia. Y viste el FIA como se ve cuando uno tiene niños y lo disfrutaste con ellos y tu esposa. Y compartiste las tardes hermosas jugando en los parques con tus hijos. Y en las noches les has contado cuentos y has conversado y compartido y amado con la mujer de tu vida. Nadie te lo robó está ahí pero no es el abril de tu juventud, sino el de tu madurez el que estás viviendo. Lo único raro que pasó es que no pudiste escribir en el Cuarto.

Así que aquí les dejo este abril. Para que lo vivamos juntos. Los comentarios cortos vuelven el lunes, como todos los fines de mes.

martes, marzo 18, 2008

La Môme…


Hacía muchos años no me ocurría. Tantos años de ir a ver películas en salas de centros comerciales, rodeado de teléfonos celulares, comentaristas no deseados, comerciales estridentes, y ese ambiente de comercio en lo que antes era una forma de arte me habían hecho olvidar lo que significa el cine, cuando es bueno, cuando te mete en la pantalla y no te suelta.

Son casi las siete, la fila es larga para una película europea. Es la tradicional fila en la Garbo, donde uno espera en la acera mientras el resto de los que ven películas hacen fila en el centro comercial. Primera sorpresa: Palomitas de maíz en la Garbo (lo siento, no he visto la esquela de Niko Baker, toda vez que había jurado que sólo sobre su cadáver se verían palomitas en su sala). Luego, entrar en la sala en silencio, mientras la gente se sienta sin grandes aspavientos y sin que nadie se lo diga apaga su celular.

Se apagan las luces y veo algo que me devuelve como treinta años en el pasado: un parroquiano ingresa a la Sala en la oscuridad acompañado por un empleado del cine que lleva nada más y nada menos que un foco para guiar sus pasos. ¿Cuántos años hace no veo un foco en una sala de cine? Sonriente por el regreso al pasado miro los cortos de los próximos estrenos de la Garbo (a los cuales Hollywood no se acercaría ni a cien metros por temor a contaminarse de arte).

Inicia la película que vine a ver… La Môme que como toda película francesa viene acompañada con una traducción de su título que es ajena totalmente al original (La Vie en Rose. La Extraordinaria vida de Edit Piaf). Aquí hago una digresión: mi primera película francesa fue Betty Blue, la cual en realidad se llamaba 37º grados a la mañana (en francés), nunca he entendido esa manía de “guiarnos” a todos los hispanos parlantes para que comprendamos los títulos de las películas.

Pero me desvío del tema central. La película inicia y de inmediato, casi en segundos, yo estoy adentro. Esto era lo que no me pasaba hace tanto tiempo, tal vez fue la sala, el ambiente, lo que fuera, pero durante más de dos horas estuve pisando las calles sucias del París de la preguerra, los escenarios de todos esos teatros, burdeles y salones en los que la Piaf cantaba. Y siento la música en las venas y siento la desesperación del final inevitable. Lo que estoy viendo no es una película, es una posesión espiritual, la Piaf ha regresado a posesionarse de su música y no le importa ni se arrepiente de nada. Esta biografía no viene con ningún momento de redención, no es Hollywood y sus finales felices, es la cruda realidad, la cual su protagonista canta con pasión, con amor, con furia y retando a quien quiera juzgarla: Non je ne regrette rien.

Decir que la actuación de madam Cotillard es digna de un Oscar es un sobreentendido: Ella es la película, ella borra de escena a todo el que se le acerca, tan grande era el reto que el resultado es notable: Una masacre en términos interpretativos porque uno no es capaz de recordar un solo personaje secundario digno de mención frente a esta Piaf de fantasía que parece más bien una posesión espiritual que una interpretación artística. Se salva solamente Depardieu, que en su corto paso como Louis Leplee logra sobrevivir (su actuación, porque su personaje muere casi tan rápido como aparece en escena).


El cierre es tan digno, tan espectacular, que te quedas esperando los aplausos. La Piaf canta en el Olimpia, su vida termina y con ella su voz, pero su leyenda nace. El corte final nos deja la única interpretación musical que no termina con el aplauso del auditorio. Sólo la pantalla negra que anuncia el final. La sala, aún oscura suelta por fin la respiración. Yo regreso a mi butaca después de estar el Olimpia. Se escucha una palma, luego otra.


El aplauso final poco a poco va llegando.

jueves, marzo 13, 2008

Negro, fuerte, con poco dulce.


Mi abuela Teresa me lo presentó recién chorreado, de una de esas bolsas que se ponían encima del pichel de lata. Para que me lo pudiera pasar, en vez de ponerle leche y azúcar le poníamos leche condensada (una cucharada grande). Creo que tenía como cinco o seis años cuando comencé a “cafetearme” en las tardes con mi abuela y mi madre, mientras comíamos galletas de soda con jalea, o pan recién traído de la panadería cercana con queso crema (o salami, que mi abuela adoraba).

Con el tiempo, abandoné el café con leche y a muy temprana edad me pasé al negro, fuerte y con poco dulce. Por lo general durante mi infancia y adolescencia el cafecito era en la tarde. Recién chorreado y NUNCA rechinado (es decir recalentado eternamente). Fue en la universidad donde se volvió parte de mi sistema circulatorio. Desde aquél imbebible petróleo amargo que servían en la Soda Guevara, hasta el ralo ralito que servían en la Tortuguita (hoy ambos locales desaparecidos). Me acostumbré a tomar café en la mañana, en la tarde, en la noche y en las noches de fiesta, en la madrugada, cuando a veces nos agarraba el alba en esas noches bohemias que nos daba por tener en la Facultad.

Con el café es con lo único que soy nacionalista. No compro café colombiano ni gringo instantáneo (la oligarquía triunfó conmigo en eso). Aprendí a despreciar las marcas de café que brillan por el azúcar y a la fecha me niego a recalentar una taza. Mejor hago más café. En el trabajo son dos tazas al día. Eso sí, sin interrumpir las labores, a la par del teclado y del Mouse está la jarra de humeante yodo (como siempre le hemos dicho). Nunca me ha provocado insomnio, ni agrura, ni dolor de cabeza (es más me previene las migrañas) y más bien por lo general funge como relajante en momentos se estrés.

Lamentablemente admito haber dejado ya el chorreador en beneficio del cofee maker, pero hace unas semanas me pasó un incidente. El aparatito dejó de funcionar como era debido y por primera vez en años, tuve que chorrear café. Y señores: el sabor cambió. Ahora con coffe maker nuevo he desarrollado una técnica de chorreo (para unir el pasado con el futuro), mientras el agua se carga en el filtro con café, yo retiro el pichel para que no baje y se quede un par de minutos cargándose de sabor. El resultado es casi tan bueno como la chorreada.

Por el café, nuestro país tiene una costumbre laboral única en el mundo, paramos las labores para ir a tomar café (en las empresas públicas y privadas). Por el café nos sentamos un rato a conversar con la esposa, con el amigo, con el colega o compañero de trabajo. Con café nos reciben en cualquier casa de amigos. Y no hay forma humana de comerse un tamal en diciembre si no viene acompañada por el café.

Y cuando lo chorreo en la tarde, mientras pongo a tostar el pan, siento la mirada de mi abuela que desde el cielo me mira mientras está tomándose esa tasa de café muy negro, muy fuerte y muy dulce que siempre se tomó conmigo.

viernes, enero 04, 2008

40


El pasado 2 de enero, cuando abría los ojos ante el canto de mi esposa y de mis hijos que me traían el desayuno a la cama, llegué por fin a los cuarenta. Así es, el suscrito nació el denominado primer año del resto de nuestras vidas (1968) aquél glorioso año del París en llamas, de la Primavera en Praga, de los muertos olímpicos en México, del Álbum Blanco de los Beatles, del asesinato de Martin Luther King Jr, de Massiel ganando Eurovisión con La la la, a pesar de que debió cantarla Serrat en Catalán, de la encíclica Human Vitae del Papa Pablo VI, y el asesinato de Robert Kennedy Jr.

Cuando uno nace el segundo día del amanecer de la Era de Acuario, (si los hippies tenían razón en aquella locura), uno tiende a ser un poco revolucionario cuando joven, y algo se le queda en la piel, cuando llega a esta cifra maquiavélica, en la cual supuestamente los varones nos transformamos en ridículas versiones de nosotros mismos cuando teníamos 20. La revolución la vivo hoy cada día de forma más madura, más reflexiva, pero sigo siendo un rebelde por dentro.

Yo brindo hoy (4 de enero), por mis cuarenta y los de Tzvi, mi hermano de sangre (que cumplía los 40 hoy) pero que decidió correr más rápido que yo hacia el cielo.

Pero mas que nada repaso cada uno de los cuarenta y me lleno de tanto orgullo por lo que he logrado (especialmente la familia que mes despertó el dos de enero), que si sigo escribiendo voy a caer mal.

PS: Todos saben donde trabajo por si van a enviar regalos.

miércoles, noviembre 07, 2007

TV CRIMEN.

Hace rato no acomodo todas las áreas del cuarto, por lo que les traigo hoy un comentario televisivo. En este acelerado mundo de múltiples obligaciones, me precio de tener un sistema de cable que me brinda 98 canales para que sea utilizado en un 98% del tiempo diurno en el canal Discovery Kids, o en Disney Channel o últimamente en Nat Geo y Yo. Por las noches, por lo general uno llega medio muerto a buscar descanso y en los ratos en que no quiero leer sino entretenerme, trato de navegar por todos los canales (en cuestión de segundos) con el fin de desconectar el cerebro un rato viendo alguna película.

Mis compañeros de estudio me recuerdan como una especie de referente obligatorio cuando se trata de recordar cosas de series de televisión antiguas. Por razones que sólo mi memoria puede explicar, soy capaz de recordar canciones de Plaza Sésamo de los 70’s, nombres de personajes secundarios de series de televisión (como por ejemplo el nombre del cocinero de los Cartwright en Bonanza, o que el hijo mayor de la serie era el mismo actor que hacía de médico en Hombres de Blanco que a la vez estaba basada en un personaje de MASH que no podía estar vivo en San Francisco en los 80’s por cuanto en un episodio de MASH de esa década le avisaban a Halcón que Trampero había muerto), o bien recuerdo series que se transmitieron sólo en algunos limitados capítulos pero que marcaron época en nuestra TV (Dr Who, por ejemplo, que en Inglaterra es un icono histórico de la Televisión aquí pasó en los setentas sin pena ni gloria por canal 6).

Hoy en día, ya no veo tanta tele como hace años. Además de haber renunciado a las ediciones nocturnas de nuestros noticieros y negarme eternamente a ver novelas, mi gusto televisivo nocturno ha quedado para un tipo de serie específica: las policíacas. Amante como fui de El precio del Deber (Hill Streets Blues), en los noventa Policía de Nueva York, se volvió parte indispensable de mi vida nocturna los domingos. Hoy en día, soy uno más de los adictos a CSI. O más bien fui.

CSI es la ciencia puesta en práctica para las series policíacas (un método ya utilizado por UnSub, serie de corta duración que transmitió canal 4 en los noventa bajo el nombre Sujeto Desconocido). Los casos de CSI en cualquiera de sus versiones dejan TODO en manos de la ciencia. Y como los gringos en las películas de guerra, la ciencia siempre triunfa. Mientras me iba entusiasmando con la serie me empezaba a hacer falta el elemento humano de la serie policial (y no me refiero a la historia de amor que los gringos meten hasta en los documentales). Me refiero a la labor de pensamiento crítico del policía, que en casos como Columbo o en los 70’s o el detective Cyfuentes en NYPD Blue, era parte necesaria para resolver el caso (y en el caso de Policía de Nueva York unas cuantas violaciones a los derechos humanos ayudaban también).

Hace unos años el cable (HBO) me trajo “Touching Evil” una serie británica, donde el protagonista Dave Creegan seguía primero sus instintos y luego la ciencia para resolver. La serie no era megaviolenta ni gráfica, pero la búsqueda de la verdad, que es la metáfora latente siempre en los policiales, estaba centralizada en la mente de Creegan, el hombre, no el científico. El mismo actor (Robson Green) es el protagonista de una serie que me ha hecho abandonar el barco de CSI: Wired on the Blodd, en este caso, el protagonista (Dr. Tony Hill) es un psicólogo especializado en criminalística, que trabaja con la policía inglesa resolviendo por lo general homicidios. La serie es un acertijo mental que uno va resolviendo junto con el doctor por lo general con un desenlace brutal y doloroso, para todos: la verdad suele venir acompañada de un precio muy alto.

Si está harto de bailar por un sueño o de glándulas mamarias paradisíacas, y quiere una serie de policías que le ponga un poco de suspenso en la noche, le recomiendo que revise su programación y acompañe al Dr. Hill a resolver un crimen. Y si usted es un seguidor de Grissom y sus muchachos de las Vegas, le reto a dejar de lado la ciencia por un rato y métase un rato en la mente del criminal.

lunes, junio 11, 2007

Por la carretera (algunas leyes de Murphy sobre las carreteras ticas).

Siempre me ha gustado manejar en carretera. Por lo general durante los viajes largos de trabajo suelo acomodar mis ideas mientras escucho música o algún programa informativo (Cuando los viajes son familiares esta parte queda descartada por cuanto en compañía uno debe preocuparse de mantener la conversación con la familia). Por razones de trabajo me ha tocado viajar en el último año a Limón, Liberia y Ciudad Quesada. En estos viajes he podido sacar algunas conclusiones.

La carretera a Limón no es peligrosa. Peligrosos son los conductores que la atraviesan como enviados del Infierno. Me parece increíble las maniobras que realizan algunos choferes de autobús, cabezales y vehículos livianos: La doble raya amarilla no significa nada, y si usted no raya a un cabezal en curva, en doble raya amarilla y con una niebla de los once mil diablos espere recibir los más impertinentes pitazos y miradas de odio de aquellos que lo siguen la fila.

En cambio la carretera a Ciudad Quesada sí es peligrosa: Hay por lo menos diez curvas con ángulos cercanos a los noventa grados que carecen de visibilidad o demarcación, en las cuales es común toparse con vehículos livianos o pesados que vienen descendiendo “a tumba abierta”.

Los carriles de ascenso tienen por lo general una clara señalización que indica: VEHÍCULOS PESADOS A LA DERECHA. Esto por supuesto significa que en los reducidos tramos de la carretera a Puntarenas por Cambronero en los que hay carril de ascenso, el cabezal que anda a veinte kilómetros por hora intentará rebasar al cabezal que va a diecisiete kilómetros por hora. Lo importante es que la fila de setenta y dos vehículos que vamos detrás de ellos no puedan usar el carril de ascenso.

La presencia de oficiales de tránsito genera de inmediato un corto circuito que hace que todos los autos enciendan las luces de forma intermitente. Lo bueno es que por lo menos algunos bajan la velocidad.

Si usted pone una direccional para indicar que quiere adelantar al vehículo que lleva adelante, NO ADELANTE, el vehículo de atrás interpreta esa luz intermitente como una especie de “¿A QUE NO TE ATREVES A RAYARME YA?” y de inmediato se lanza sobre el carril derecho. Además, si no hay vehículos detrás suyo lo más seguro es que el auto que usted desea rayar decida acelerar en el momento en que usted esté a media maniobra.

La carretera Arizona-Liberia, tiene aproximadamente 653 años de estar en reparación, y a usted siempre le va a tocar llegar al punto de reparación en el momento en que la bandera roja ordena detenerse.

Los restaurantes de carretera sólo sirven buena comida la primera vez que usted pasa por ahí. Todas las veces restantes ALGO le parecerá diferente y para mal. (Excepción a la regla: Las Milk Shakes de Monteverde)

Por último, no importa lo temprano que salga. Hay una fila de traileres que lo están esperando en la zona montañosa.

martes, diciembre 26, 2006

Algo diferente

Normalmente, despertarse en la mañana a las seis después de haber trasnochado es un poco incómodo. Normalmente es menos agradable si la noche anterior has atacado una cena con la intención de poner al cerdo entre las especies en peligro de extinción, mientras tu anfitrión parece empecinado en que acabes todas las reservas de vino de su casa. Normalmente, las seis de la mañana después de ese atracón no suele ser una buena hora del día.

Pero es tan diferente cuando te despiertas y los miras rompiendo el papel de regalo. Especialmente cuando tu hija descubre cada regalo con una alegría indescriptible y reacciona como si acabara de descubrir un tesoro tan grande que nunca había esperado encontrar.

Ahí se te olvida la falta de sueño, el dolor de estómago (y de cabeza) y todos tus males, y te vuelves a sentir niño y te acuerdas de cuando eras vos el que estaba sentado en el suelo descubriendo tesoros, y entonces te juntas con ellos y te pones a jugar…

martes, octubre 31, 2006

Farewell, Fantasy World.

The end of the baseball season has marked my retirement of one activity borne for Internet and which fir a few years made me an expert on American sports. I’m talking about the Fantasy Leagues that I’ve been playing without interruption since the year 2001 in the leagues promoted by Yahoo!

For those of you not acquainted with them, the fantasy leagues work like this: each player subscribes to a certain league and by draft chooses professional players to fill each position of his team. Every day, when the real players participate in the games of the professional league, they accumulate statistical points (for example in the basketball, each point scored or each rebound are positive points, each foul are negative points). At the end of the day the total points obtained by the real players is transferred to your fantasy team.

There are two types of leagues: Rotisserie (where your team accumulates points all the year and the one with more points at the end of the season wins) and Head-to-head (where every week your team accumulates points against a rival team of the fantasy league. Head-to-head leagues have a qualifying season and play-off games.

Yours truly, began his career as a fantasy player in the Rotisserie leagues of baseball and then basketball (with players of the MLB and NBA). Soon I migrated to the American football leagues (with players of NFL). Except for the NFL leagues, the other ones imply an almost daily follow up, with many hours of analysis of the players who consistently accumulate point and those that only remain on fire for short periods of time. This is key, since the teams allow changes in the list of players that permits you to dump the bad players and obtain the best ones whenever it is possible. Also, it is possible to trade players between teams.

The phenomenon of the fantasy leagues is huge in the United States and it is even considered that many sports (baseball specially) have increased the number of fans thanks to the members of the fantasy leagues. Just as an example, one the last leagues of baseball that I played these year (with terrible results, I must say) had as a ID number the 270113, which implied that at least there were 270112 additional leagues operating.

Now, with the end of the 2006 baseball season, this manager retires. My family obligations, my studies and my real career, force me to leave an activity that fascinates me, but requires a lot of time and effort, and it is no longer fun, since the lack of time forced me to finish the season leaving two teams behind and one league in which, to top it all, I was the commissioner (that is to say, the assumed coordinator of the league).

I leave behind a championship in baseball, a pair of second places in NFL and one long list of anecdotes of the trash-talking that we, the on-line players used to have, in which we made exaggerated the tales of our team and ruthlessly discredited our rivals.

And although it seems difficult to believe, I leave behind a group of crazy gringo friends, who accompanied me in a special league of baseball, that soon migrated to the football, but that maintains its links the sport of the bats and the balls. It is difficult to speak about on-line friends, which whom I never got to speak face to face, but who thanks to the camaraderie of the sport have stayed in contact by almost four years (we even founded a group on Yahoo! in order to be able to do the draft and to maintain the contact when there was no baseball).

This is how we found out about the health problems of our commissioner Dr Seabux (Clifford Harvey) who in the last years underwent two hip replacements, or the birth of the seven son of the brother-in-law of Seabuxx, Mr. Wilmintong Wombat (Thomas Ewing), the adventures of Catman (Hal Allen), or Potomac (Theo Harvey, brother of the Dr). Once the Harveys convinced their sister (Nancy) to participate in the league, so that we could have enough players. All of them, together with frightful Rainers (I’m sorry, to this date I do not know his real name, but he’s frightful because he has won the league the last three years). These gentlemen and young lady are all from Seattle, although some live now in other States. Because of them, this commentary appears today in El Cuarto in English. It is my goodbye to the craziest league of baseball ever known, so crazy that we ended up named it “The Insane Asylum.” To all my friends of the asylum, in the immortal words of Lou Gehrig: I have been the most lucky player of the world, because I could play with you.

Also, I have to give special thanks to bigDave, who invited me to participate in some of the more competitive leagues than I have known, where the trash-talking was phenomenal.

As of today, I become again a simple fan.

Or will I return? Perhaps.

Adiós, Mundo de Fantasía

El final de la temporada de béisbol de las grandes ligas ha significado mi retiro de una actividad nacida para Internet y que por unos cuantos años me hizo un experto en deportes norteamericanos. Me refiero a las ligas de fantasía que desde el año 2001 he venido practicando ininterrumpidamente en las ligas que promociona el portal de Yahoo! en inglés.

Para los que no las conocen, las ligas de fantasía funcionan así: el jugador se suscribe a una determinada liga y mediante un proceso de selección (draft) escoge jugadores profesionales para llenar cada posición de su equipo. Cada día, cuando los jugadores reales participan en los partidos de la liga profesional real, acumulan puntos estadísticos (por ejemplo en el baloncesto, cada punto anotado o cada rebote recogido son puntos positivos, cada falta son puntos negativos). Al final de la jornada la totalidad de puntos obtenidos por los jugadores reales se trasladan a tu equipo de fantasía.

Existen dos tipos de ligas: Rotisserie (donde acumulan puntos todo el año y el que tenga más cantidad de puntos al final de la temporada gana) y Head-to-head (donde cada semana uno acumula puntos frente a un rival de la liga de fantasía. Las head-to-head tienen una etapa clasificatoria y una de play-off.

Quien escribe comenzó su carrera de deportista de fantasía en las ligas tipo rotisserie de béisbol y luego de baloncesto (con jugadores de las grandes ligas y de la NBA), para luego emigrar a las de fútbol americano (con jugadores de la NFL). Salvo las de la NFL, las otras ligas implican un seguimiento casi diario, con muchas horas de análisis de los jugadores que son constantes en acumular puntos y aquellos que sólo permanecen encendidos por períodos cortos de tiempo. Esto por cuanto los equipos permiten cambios en la planilla que le permite a uno deshacerse de los malos jugadores y conseguir a los mejores cada vez que sea posible. Además es posible intercambiar jugadores entre equipos.

El fenómeno de las ligas de fantasía es enorme en los Estados Unidos e incluso se considera que muchos deportes (el béisbol especialmente) han obtenido un incremento en el número de fanáticos debido a los aficionados a las ligas. Sólo por poner un ejemplo, una las últimas ligas de béisbol que jugué este año (con pésimos resultados, valga decir) tenían como número de identificación el 270113, lo que implicaba que al menos había 270112 ligas más funcionado.

Ahora, al terminar la temporada del 2006 del béisbol, este manager se retira. Mis obligaciones familiares, de estudio y profesionales me obligan a dejar una actividad que me fascina pero que me quita mucho tiempo y esfuerzo, y que ya ha dejado de ser una diversión, por cuanto la falta de tiempo me obligó a terminar la temporada dejando abandonados dos equipos y una liga en la que además era el comisionado (es decir el supuesto coordinador de la liga).

Detrás queda un campeonato en béisbol, un par de subcampeonatos en la NFL y una larga lista de anécdotas relativas a las conversaciones-basura (trash-talking) que sosteníamos en línea los jugadores en las cuales exagerábamos las bondades de nuestros equipos mientras vilipendiábamos al rival.

Y aunque parezca difícil, dejo atrás a un grupo de amigos gringos locos, que me acompañaron en una liga especial de béisbol, que luego emigró al fútbol, pero que mantiene sus lazos en el deporte de los bates y las bolas. Es difícil hablar de amigos en línea, con los cuales nunca he podido conversar frente a frente, pero que por la camaradería del deporte nos hemos mantenido en contacto por casi cuatro años (incluso fundamos un grupo discusión en Yahoo! para poder hacer el draft y mantener el contacto cuando no había béisbol). Así nos enteramos de los problemas de salud de nuestro comisionado Dr Seabux (Clifford Harvey) que sufrió dos reemplazos de cadera en los últimos años, el nacimiento del sétimo hijo del cuñado de Seabuxx, Wilmintong Wombat (Thomas Ewing), las aventuras de Catman (Hal Allen), o de Potomac (Theo Harvey, hermano del Dr.). En alguna ocasión, los Harvey incluso convencieron a su hermana (Nancy) para que participara en la liga, a fin de que tuviéramos suficientes jugadores. Todos ellos junto con el temible Rainers (lo siento, a la fecha de hoy no sé su nombre real, pero es temible porque nos ha ganado tres años seguidos la liga). Estos caballeros y señorita son todos oriundos de Seattle, aunque algunos viven ahora en otros estados. Por ellos, este comentario aparece hoy en el cuarto en Inglés. Es mi despedida de la más loca liga de béisbol que se haya conocido, tan loca que la terminamos nombrando The Insane Asylum. A todos mis amigos del asilo, en las inmortales palabras de Lou Gehrig: He sido el jugador más afortunado del mundo, porque pude jugar con ustedes.

Agradecimiento especial también a bigDave, que me invitó a participar en algunas de las ligas más competitivas que he conocido y donde el trash-talking era fenomenal.

A partir de hoy, vuelvo a ser un simple aficionado.

¿o acaso volveré?

miércoles, octubre 18, 2006

Radio

En mi casa de día se escuchaba radio (a la fecha de hoy mi madre mantiene esa costumbre), en excelente radio National que tenía am y FM. Oíamos principalmente una emisora del desaparecido grupo HB llamada Radio Popular (1120 am), que sintonizaba mi madre y que transmitía, oh sorpresa, música popular. La Televisión para nosotros era para la tarde. (Valga decir, treinta años más tarde el National sigue sonando sin muchos problemas).

Mi primer aparato fue un pato Donald por cuya boca sólo salía la banda del AM. Ahí escuchaba básicamente dos emisoras: Reloj (730 am) y Columbia (760 am). Me gustaba más Columbia por que ahí pasaban La Tremenda Corte, el Jajá del Aire, y si de casualidad no había tenido escuela ese día, a las 10:00 a.m. podía escuchar las aventuras de Carmiña, la empleada imposible, y a mediodía, después de Rafela (Con Carmen Granados y Metro González), si uno no tenía nada que hacer podía escuchar, en plenos años setenta, las aventuras de los Tres Villalobos. Salvo Rafela, todos los demás programas fueron grabados en los años cincuenta en Cuba y México, y cuando tuve la oportunidad de trabajar en Columbia pude ver los acetatos originales en donde estaban guardados además las radionovelas El derecho de nacer, La Pobre Señorita Limampur y Me avergüenza mi madre entre otras superproducciones (las mejores eran sin duda, las cubanas).

Mi fidelidad a Columbia me permitió descubrir más tarde, los programas que Parmenio dejó grabados sobre Cuentos y Leyendas Costarricenses, narraciones con una magnífica ambientación que acompañadas por aquél vozarrón del Cuco Medina como narrador le hacía a uno parar los pelos con relatos de Salazar Herrera, Lyra, Quince Duncan y otros autores nacionales. A principios de los ochenta, Columbia repuso la adaptación para radio de La Isla de los Hombres Solos de José León Sánchez, la mayor producción que Parmenio realizó en su vida, acompañado nada más y nada menos que por Carlos Albero Patiño como el protagonista principal. Que yo recuerde la transmisión fue un éxito. Ambos trabajos (si algún día vuelven a ser recuperados) nos recuerdan que Parmenio, además de La Patada, la Lotería, las transmisiones deportivas, y su Radio Cordillera, fue el mejor productor radial de nuestro país.

La edad colegial me hizo abandonar Columbia (aunque no del todo) y además implicó mi ingreso a la Frecuencia Modulada (FM), para pasarme a vivir la competencia de las tres emisoras que peleaban por el público juvenil: Radio Uno (800 am 102.7 FM) en aquel entonces del mismo grupo empresarial de Columbia), RPT Radio que después evolucionó en Universal (no recuerdo la frecuencia, pero sí que pertenecía al grupo empresarial que controlaba canales 4 y 9) y Stéreo Continental (89.9 FM) propiedad del grupo Coccio. Mi especial gusto musical por la música del Rock’n’Roll de los 50’s-60’s me hacían preferir la uno por las mañanas cuando Manuel Vega estaba en cabina o RPT en las noches cuando pasaban el programa de los Beatles. No cabe duda que la ganadora en los 80’s de la batalla musical fue la Uno. Yo que soy de aquellos viejos ochentenos siempre recordaré con agrado la Uno de Manuel Vega en las mañanas, Danilo Jiménez en las tardes y las noches de Eliécer. La salida de Danilo primero y su sustitución por Rooper Alvarado, marcó mi divorcio de la Uno, por cuanto pasó a ser la emisora más fresa del dial (la salida de Manuel Vega hacia Universal terminó de aniquilar la emisora en mi concepto). Por dicha a mediados de los ochentas los Coccio pusieron en el aire Super Radio (120.3 FM). Yo la escuché desde el minuto uno: primera canción And I love her de los Beatles. Desde entonces ocupa un lugar preferente en mi dial. (aunque extraño a Saavedra en las mañanas y el actual locutor de las tardes parece salido de la UNO de los noventas que era REALMENTE MALA… un momento, corrijo, efectivamente salió de la Uno de los noventa GRRRR.). Aclaro para los que me conocieron en la universidad, que a pesar de mis criterios sobre la Uno cada año que me tocó organizar la Semana Universitaria en la Facultad, sin ni siquiera pestañear le vendíamos en alma a Rooper, al fin y al cabo, diría don Corleone, era una estricta decisión de negocios.

La radio forma parte de mi familia por muchas razones. Mi padre fue comentarista radial de ciclismo por 41 años en todas las emisoras deportivas importantes (dice que ya se retiró pero hasta no verlo todo diciembre en su casa sin ver la Vuelta con un micrófono en la mano no le voy a creer). Por ese hobbie de mi padre, mi familia conoció a Parmenio y con el Cuco forjé durante años una relación extraordinaria, de la cual guardo grandes recuerdos. Quien escribe fue además comentarista de baloncesto en las emisoras deportivas del país, y me tocó trabajar con McGregor antes de que fuera rico y famoso (y sigo siendo amigo de él porque a Mario los humos no se le han subido), trabajé en todas las emisoras importantes y trabajé para Parmenio en todos los Juegos Nacionales que transmitió. McGregor siempre me dijo: Vos sos de la radio. Y si vuelvo al mundo deportivo lo haré en la radio.

Hoy como casi cuarentón, sigo escuchando radio cuando manejo (como la mayoría de la humanidad) y tengo la costumbre heredada de poner la radio en la casa cuando hago alguna labor doméstica o me siento en la computadora. La brecha generacional me hace ser fiel a Radio 2 (sigo fiel al grupo Columbia), pero no se siente igual que la vieja Uno. Ahora disfruto más el Jazz por lo que sustituí mi dependencia de Stereo Azul (ya desaparecida) por los placebos de 95.5 jazz y Eco (95.9FM). Y me gusta escuchar noticieros en radio y programas de opinión (Excluyo expresamente esa aberración del programa de CANARA el cual detesto cordialmente por ser un atentado a la libertad de expresión ¿Cómo diablos TODAS las emisoras del país TIENEN que tener el mismo editorial a las 7:00 de la mañana?). Y de vez en cuando me doy una escapada a Radio U (101.9 FM) para escuchar la emisora que debió existir en mis tiempos cuando yo era universitario.

Es algo bueno que con la mala que está la TV últimamente, la radio me sigue acompañando, pero extraño un poco las producciones radiales de verdad, extraño los radioteatros, extraño la producción de calidad y extraño, sobre todo los domingos a las 9:00 de la mañana, al Cuco...

miércoles, octubre 11, 2006

Recuerdos en acetato


Mientras escribía la columna de John Lennon, al mencionar Dear Prudence me di cuenta de que tengo más de diez años de no escuchar completo el Álbum Blanco. Y no lo he escuchado por que es el único disco de los Beatles que no tengo en formato de CD.

Descansa, junto con diez discos más de los de Liverpool, cinco de Elvis, dos de Charly García y otros más en la bodega de chunches de mi casa, sin oportunidad de ver de nuevo el sol o la aguja de cabeza de diamante que permitía que su sonido fuera liberado. ¿Su delito? Ser de Acetato en una época digital.

Hace unos años García sostuvo que el Rock’n’Roll se inventó para ser escuchado en acetato, no en el formato digital. Este cura encuentra el formato digital maravilloso para el Jazz, la Música Clásica y la Banda de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta.

El acetato, con su romanticismo nostálgico y con los ruidos de fondo del rotor que mueve el plato del tocadiscos, la “basura” que deja los años de uso y los pequeños rayones que permiten escuchar pequeños cortes en la música fue hecho para escuchar a Hendrix, a los Animals, a los Stones, a los Beatles de la primera etapa, a Elvis, a Ritchie Valens, a los Platters, a las Supreme, a Buddy Holly, fase Domino etc. etc.

El acetato está eternamente ligado a las raíces del Rock’n’Roll. La música de los 50’s y 60’s suena mejor si tiene un poco de basura adelante. Es parte de la nostalgia que evoca. Además por lo general era una música tan simple, tan completa y tan buena que no necesitaba de la tecnología para esconder defectos (¿alguien se imagina a Britney Spears grabando en una consola de sólo cuatro canales y sin efectos de sonido para que su talento fuera luego escuchado en acetato?).

La primera vez que oí el Sargento Pimienta en acetato fue como pasar de la adolescencia a la madurez musical. Cuando lo oí en CD me di cuenta de que podían captarse millones de sonidos en cada pieza que nunca había podido captar antes. Pero no sé porque insisto en no adquirir el CD del Album Blanco. Algo en la nostalgia me lo impide. Si lo adquiero mi colección estaría terminada oficialmente, y ya no habría excusa para dejar ese poco de acetatos guardando polvo en la bodega de los chunches.

lunes, octubre 09, 2006

Happy Birthday Johnny! (Unfortunately, War isn't over)

Do you think you're a genius?
Yes, if there is such a thing as one, I am one.

A veces pienso que lo sobrevaloramos demasiado. Al fin y al cabo en resumen sólo fue un músico multimillonario que murió asesinado a manos de un fanático.

El 8 de diciembre de 1980 comenzó el mito de John Lennon, comenzó la leyenda. El que fuera el líder de la más importante banda rock de todos los tiempos es recordado como uno de los mayores íconos de la paz mundial. Al mismo nivel del Dalai Lama, Mandela, Gorvachov, y ¿porqué no decirlo? Digno de haber recibido un premio Nóbel de la paz por su labor.

John Winston Lennon habría cumplido hoy 66 años. Algún día, cuando hayan pasado doscientos o trescientos años y se analice el período musical de la década de los sesenta en el siglo XX, los nombres de Lennon y McCartney serán analizados al mismo nivel que los de Mozart y Beethoven (siempre he creído que si Mozart hubiera nacido en el siglo XX hubiera estado más cerca del Sgt. Peppers que de la ópera). La obra musical de los Beatles implica mantener unido el nombre de Lennon y de McCartney. Son tan inseparables que no se puede concebir la existencia de uno sin en el otro. Su simbiosis cambió el arte del mundo y provocó (junto con otros factores) la última gran revolución cultural del siglo XX. Aunque ambos admitieron que sólo compusieron juntos hasta 1962, siempre he creído que la competencia entre ambos fue lo que provocó las joyas musicales que son la mayoría de las canciones de los cuatro de Liverpool.

Musicalmente hablando, Paul siempre fue más popular. Mencione las primeras canciones de los Beatles que vengan a su memoria y casi le garantizo que la mayoría serán de Paul: Yesterday, Hey Jude, Let it be. Pero si piensa en la imagen de los Beatles, esa imagen es la del viejo Johnny cantando Twist and Shout con Paul y George haciendo los coros. John era la cara del grupo. Cuando uno se hace fanático del grupo se da cuenta que si bien Paul era un fabricante de éxitos, de esos que se venden por millones, John decidió a partir del Help! comenzar a competir directamente no con el mercado, sino con el “otro” poeta del pop (mejor dicho del Folk), Bob Dylan. Es extraño que Lennon siempre se proclamara como un auténtico rockanrolero si sus mejores canciones con los Beatles (You've got to hide your love away, In my Life, Dear Prudence por ejemplo) son maravillosas poesías que nos llenan la vida más que las silly love songs de Paul (por cierto, para los que NO son fanáticos, Silly Love Songs de McCartney como solista es una canción que Paul hizo en respuesta a un comentario despectivo de John sobre las canciones que él hacía).
¿Quién ganó este duelo de genios musicales? ¿Quién fue el mejor? Ese es uno de los debates más apasionados que los fanáticos de los Beatles con demasiado tiempo libre suelen tener. Mi respuesta es muy sencilla: Paul fue el mejor Beatle. Como músico lo logró todo con el cuarteto. Pero le tomó casi veinte años de carrera como solista llegar de nuevo al nivel de calidad que demostró con los cuatro grandes (usted puede ir botando a la basura todo el material de Paul de los setentas y ochentas, es casi tan malo como casi TODA LA MUSICA DE LOS SETENTAS Y OCHENTAS, pero cuando llegue al Flaming Pie guárdelo de inmediato, ESE es Paul otra vez). En su carrera de solista George fue el que demostró su calidad casi con sólo salir del grupo (sus únicos fiascos son el fraude por plagio de “My sweet Lord” y esa porquería comercial de “I got my mind set on you) y sorprendentemente, Ringo fue el primero en tener un Nº 1.

John como solista tuvo sus altos, sus bajos, e Imagine.

Ninguno de los tres restantes pudo hacer algo parecido a Imagine. Con una canción el señor Lennon conquistó el mundo. Lo sorprendente es que Imagine pasó inadvertida en 1971 cuando el álbum fue lanzado porque los medios estaban más interesados en las polémicas de John y Paul sobre la separación y liquidación financiera de los Beatles (el álbum Imagine contiene una canción: “How do you sleep?” que es una de las más ácidas críticas que John le hizo a Paul en su vida). Pero en algún momento de los setentas, en medio de tantas guerras, de tanta estupidez a favor de la violencia y del odio, alguien descubrió Imagine y la transformó en el himno mundial de la paz.

John era además Yoko. Casi a ningun fanático de los Beatles le gusta la idea de Yoko Ono (y quien la haya oído cantar queda dispuesto a buscar una magnun 357 y hacer algo grave con ella). Pero de alguna forma fue la mejor cosa que le pudo pasar a John en su vida. Por años esta mujer ha sido analizada por los medios de todas las maneras posibles dejándola siempre como una especie de Satanás oriental que aniquiló a los Beatles (olvidando olímpicamente que Paul hizo añicos la moral del grupo durante los últimos dos años reclamando para sí la propiedad del grupo, al punto de editar el documental del Let it be para que fuera casi como “Paul y mi grupo de acompañamiento”).
Analizadas varias biografías de Lennon llegué a algunas conclusiones: Gracias a Yoko, John dejó las drogas. Como administradora de los bienes de John lo transformó de ser un rockero millonario a ser un amo de casa Multimillonario (ninguno de los Beatles ha tenido un administrador más efectivo que Yoko). Le dio un hijo. Lo acompañó en sus días más oscuros, cuando todo el universo estaba en contra de ellos. Podría seguir señores, pero es más fácil resumirlo así: Yoko es la mujer de la que John está cantando en "Woman" (la mejor canción de amor de Lennon). Por último, cuando John muere asesinado, Yoko comienza su proceso de canonización, elevando la imagen de John al mismo nivel que la de Gandhi.

Por aquí comencé mi comentario. Nunca he podido ver a John como un símbolo de paz. No considero que haya sido tan importante como un Mandela. Era un músico. Uno endiabladamente bueno. Uno además con una conciencia social tan grande que lo hizo comprometerse con un mensaje de Paz en tiempos en que eso era peligroso si usted vivía en Estados Unidos. Imagine y Happy X-Mas son para mí las dos mejores canciones de paz que haya escuchado en mi vida. Pero se nos olvida que el compromiso de paz de John se dio durante lo que él mismo llamó su década perdida, mientras se dedicaba a navegar por un abismo de drogas y alcohol. Luego a mediados de los setenta con el nacimiento de Sean, Mr. Lennon se retira y se transforma en el modelo de padre hogareño que cuida el bebé mientras mamá trae el pan al hogar. Su compromiso con la paz quedó en sus discos, en sus camas de paz a principios de los setentas y en una que otra entrevista en la que dejaba claro que era un gran pensador, un genio musical, un maravilloso padre de familia (con su segundo hijo, su primogénito por otro lado no comparte esa opinión) y que estaba dispuesto a proclamar la paz a quien quisiera oírlo. Pero no creo que fuera un verdadero héroe de la paz… pero señores, seamos francos, ¿es que en realidad hay alguien que pueda reclamar ese título?

Yo me estoy acercando a la edad de Lennon (la edad que tendrá por siempre, porque al morir a los 40 lo recordaremos siempre a esa edad) y ahora lo veo como el amigo que logró grandes cosas y al cual has admirado mucho, pero que con la perspectiva de la edad te das cuenta que vos, en tu mundo, con tus logros cotidianos, en cierta forma eres tan grande como él, sólo que tus obras no te han hecho multimillonario ni eres adorado como un semidiós por miles de fans. Pero John es un amigo que me sigue hablando, porque de vez en cuando me siento con el él a ver las ruedas girar. Porque cuando quiero dormir a Eduardo Andrés le tarareo "Beautiful" Boy. Por que siempre que recuerdo mis viajes a Chirripó, "In my Life" es el fondo musical que acompaña los recuerdos de las imágenes de la montaña. Porque ahora lo leo y entiendo mejor su humor ácido. Porque como él, me da asco la hipocresía de este mundo occidental. Es más, cada día me cae mejor Yoko: comparada con la última esposa de McCartney, Yoko es un ángel.

Y termino este saludo de cumpleaños con un saludo a Paul. 26 años después de su muerte, la sombra de John sigue sobre Paul. A la fecha Paul ha logrado todo lo que un músico puede lograr. Es más Sir Paul es ahora un connotado compositor sinfónico y el hombre más rico del mundo del espectáculo, además de seguir siendo endiabladamente bueno tocando el viejo rock’n’roll. Y si bien lo ha logrado todo, hay algo que nunca podrá tener:

Paul nunca será el compositor de Imagine.

Y los Beatles, por siempre, serán la banda de John.

miércoles, agosto 23, 2006

La Peri.

Tenía casi quince años de no usar ese servicio y el problema es que estaba mal acostumbrado.

A
pesar de vivir en este mundo donde el automóvil es rey y signo de prestigio, este servidor sigue utilizando, al menos tres veces por semana el sistema de transporte público. Valga decir, el excelente sistema de transporte público (al menos en las rutas que tengo que tomar) que como dije al principio, me tenía mal acostumbrado.

Por lo general mi viaje al trabajo (a las 6:00 am), comienza en un autobús de la línea “Station Wagon” de Alajuela. Cuando abordo el bus, el chofer da los buenos días (o los responde amablemente cuando uno se los da) y tiende a agradecer si uno lleva el monto exacto o bien casos como el del suscrito que por lo general llevo un billete y una moneda de ¢ 10,00 para recibir el vuelto exacto (el chofer agradece este tipo de acciones por cuanto le ahorra el menudo que va a necesitar para dar cambio a otros pasajeros). Adicionalmente, el autobús es cómodo, los asientos agradables y llama de verdad la atención que cuando llega a uno a su parada, los pasajeros (y uno mismo, que para eso es educado) le damos las gracias al chofer por el servicio y le deseamos buenos días, obteniendo siempre la educada respuesta del chofer.

¿Fantasía? No. Todo lo anterior es verdad y me pasa día a día. Lo realmente sorprendente es que el fenómeno se repite con el segundo autobús que debo tomar: El de la ruta Hospital México – La Uruca. Aquí también el chofer da los buenos días, el autobús es cómodo y hay un estricto control de los horarios, por lo que si llego tarde es mi culpa, no del chofer.

En resumen, dos excelentes servicios que vengo utilizando con excelentes resultados por ya dos años tanto en los viajes de ida como en los de vuelta.

Por esos azares del destino, el día de ayer tuve que tomar el bus de la Ruta Periférica (por cuanto requería llegar a los alrededores de La Sabana con el fin de abordar el bus de Alajuela). Pensaba que después de casi quince años de haber dejado de usar sus servicios, el servicio tendría que ser mejor que el que yo recordaba cuando lo utilizaba para ir a la U.C.R. Lo ocurrido lo catalogué como un viaje en el tiempo, al pasado, a cualquier viaje en La Peri en los años 80. No hubo un solo detalle que no se cumpliera.

Comenzando: La impaciencia del chofer. Su trato amargo. Su absoluta indignación cuando en vez de darle la moneda de ¢ 500.00 para que el me diera el vuelto de ¢ 285.00, a este malacostumbrado parroquiano se le ocurrió darle ¢ 515 para recibir ¢ 300.00 (al parecer su matemática funciona mal con los números enteros). Y luego, el típico caso del viejo bus de La Peri: Era relativamente nuevo, pero parecía que lo acaban de usar como unidad de evacuación en Beirut y que cargó en algún momento a Palestinos y Judíos con su respectivo armamento en su interior (y al mismo tiempo mientras discutían de política). Además, algunos de los pasajeros que abordaron el bus en el transcurso del día, al parecer no se habían bañado desde la proclamación de neutralidad de la administración Monge, por lo que el bus olía a zoncho mojado. Los asientos eran más duros e incómodos que un cepo (en esto reclamo algo de complicidad, cuando uno mide 1.96, no debe tratar de sentarse en asientos que obviamente fueron diseñados para los Umpa Lumpas).

Para finalizar, fue bueno darse cuenta que la escuela de manejo de la Ruta Periférica mantiene sus estándares de calidad: El caballero que manejaba la unidad lo hacía con el rencor de Clint Eastwood al final de Unforgiven. Arremetía la carretera con odio desalmado, asegurándose de que su autobús pisara cada fisura, cada bache, cada hueco de a carretera a velocidades de vértigo, sólo para sentir el placer del porrazo inmisericorde en los riñones cada treinta segundos. Las solicitudes de “parada” son consideradas insultos personales que deben compensarse con aceleronazos brutales donde la palanca de cambios y el clutch demuestran que están divorciados desde hace muchos años y que el divorcio no fue nada amigable. Las curvas se toman coleando la unidad como si se quisiera evadir a un batallón de policía que viene abriendo fuego detrás de nosotros (disimuladamente busco a Bonnie, porque es evidente que Clyde viene manejando).

Llega mi parada y literalmente, me lanzo fuera. Al tocar tierra mi cuerpo se siente como un saco de arena que Tyson ha estado usando como campo de entrenamiento. Descubro que por lo menos el viaje ha sido corto, sólo quince minutos en un bus, pero la relatividad de Einstein los hizo parecer tres eternidades en el Averno. Es la primera vez en mi vida que un recuerdo de mi juventud universitaria no me deja feliz.

Casi me arrastro a la parada donde está uno de “mis” buses. El chofer de la “Station”, que ya se iba, me ve venir y pacientemente me espera. Al verme subir me da las buenas noches.

Francamente, casi le doy un abrazo.

martes, agosto 08, 2006

Los cuatro

Desconfío de cualquiera a quien no le gusten los Beatles.
Charly García.

Los conocí en la tele, por medio de los dibujos animados.

Las caricaturas eran medio tontas: una aventura de los cuatro que siempre llevaba el nombre de sus canciones más conocidas de la primera etapa.

En la casa de mi abuela, encontré un Long Play de ellos: The Beatle’s Second Album, una compilación que Capitol Records montó a la carrera en el 64 con el fin de poner al día a los estadounidenses con lo que los cuatro estaban haciendo desde el 61 en Inglaterra.

Luego la primera compra: Tenía diez años (1978) y me fui a la famosa tienda LP45 (avenida central y segunda, calle 7) a comprar mi primer disco de ellos. Fue el album doble azul. La colección 1966-1970. Y para mi sorpresa no estaba la música que yo conocía. Nada de Yeah Yeah Yeah! Más bien un sonido algo diferente, que me impresionó profundamente. No es todos los días que uno descubre por primera vez Strawberry Fields o Penny Lane; que se da cuenta uno que Plaza Sésamo nos estaba presentando su música cuando nos cantaban el Jardin del Pulpo; que Hey Jude es tal vez lo más grande que se haya compuesto en la música moderna y posmoderna a pesar de ser una canción tan sencilla en su letra. Y TODO ME LLEGÓ A LOS DIEZ AÑOS.

Lo reconozco: me volví adicto. Y con ellos abracé la música de los sesenta y me condené al ostracismo musical con los de mi generación. Cuando la adolescencia arribó en los 80’s, me declaré inmune a Duran Duran, Maddona, Boy George y por supuesto abstemio de Michael Jackson. Yo seguía comprando en LP45 los LP de ellos. El For Sale (excelente a pesar de que casi no trae canciones Lennon-McCartney), el Abbey Road (genial despedida), el Let it Be (nunca me gustó hasta que llegó el Naked), el Álbum Blanco (que es una especie de aventura interminable, cada vez que lo oigo encuentro algo nuevo) y por supuesto el mejor de todos, el summa cum laude del rock’n’roll, el que sigue disputando con el Dark Side of the Moon el título de mejor album de rock de todos los tiempos: La Banda de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta, que en su momento (1967) detuvo el mundo para luego mandarlo de cabeza a la era psicodélica.

Llegué por fin, después de casi quince años de compras, a tenerlos todos. A pesar de que los LP fueron llegando cada vez menos y tuve que conformarme con conseguir algunos en casete (el más difícil de conseguir: Revolver, no sé por qué diantres nunca lo traían, lo terminé consiguiendo en Auco Disco, una tienda muy especializada que estaba por la Asamblea Legislativa). Lo cierto es que no comencé a comprar los CD hasta que completé la colección en los formatos antiguos (LP y Casetes), una muestra de excentricidad que me costaba no pocas miradas de burla entre los vendedores que a finales de los ochenta y principios de los noventa no comprendían porque no compraba todo en CD de una vez.

Sólo me faltó uno: A colection of Beatles Goldie’s Oldies. Una recopilación de exitos lanzada en el 66 que cuando la tuve en mis manos en LP45 no la adquirí por cuanto me parecía más bien un rejuntado de canciones no relacionadas realizadas por DIDECA (la compañía guatemalteca que los distribuía). Luego me enteré que formaba parte de la discografía oficial Y NUNCA LO VOLVÍ A VER.

Ahora los tengo todos en CD (además de las Antologías, unos cuantos videos, algunas versiones instrumentales, cuatro o cinco libros, un diccionario y un programa de computo que me permite escuchar todas sus canciones en una sola sentada… lo admito, soy adicto a ellos). Pero ¿saben? De vez en cuando quisiera poder sacar los viejos LP’s, quitarles el polvo, y recodar mi niñez y mi adolescencia. Para mí señores, el rock’n’roll se oye mejor en acetato. Y los cuatro grandes de Liverpool cada día suenan mejor.

Por cierto, el Beatle’s Second Album fue el primero en llegar y el primero en partir. Me fue hurtado en 1982 por un ladrón con un excelente gusto musical…

jueves, julio 27, 2006

Barberías


Si hay un televisor, el canal está pasando deportes. Si hay radio, de seguro lo que suena es radio sinfonola. Las sillas siguen siendo rojas. hay espejos en las dos paredes. Revistas, periódicos. Uno puede entrar y sentarse a esperar a que lo atiendan mientras repasa La Nación o se encuentra una revista de Condorito publicada en 1973.

Luego a la silla. Grande, cómoda. La pregunta de rigor: ¿Qué va a ser hoy? Y sólo hay dos respuestas posibles: O corte de pelo o corte de pelo y rasurada. No hay shampoo, ni rinse, ni blower ni otra cosa similar. Uno va a la barbería a cortarse el pelo y a hacerse la barba.

Sólo los que tenemos una barba de alambre, frente a las cuales las doble-hoja o triple-hoja caen derrotadas como franceses en cualquier guerra contra los alemanes, sabemos disfrutar el arte de la rasurada con navaja. En mi caso es un proceso de casi una hora, después del cual me siento relajado y mi cara parece nuevamente la de un respetable ciudadano. El corte de pelo por su parte es rápido, para no perder el tiempo. Corto y peinable, eso es todo.

Nada de máscarillas, masajes, o demás hierbas. Corte de Pelo y Rasurada, es todo lo que pido.

Pero ya casi no quedan barberías. Los "salones" para caballeros están dominando el mercado.

Para poder rasurarme sólo puedo ir a la barbería de Baltodano (paseo de los estudiantes). El barbero Genet (Plaza Víquez) ya casi no atiende y en la REX de San Pedro, no hacen la barba. Mientras tanto ese montón de salones de belleza para caballeros metrosexuales inundan el comercio.

Y yo, que mi único resquicio de machista cavernícola que me queda es la de cortarme el pelo y hacerme la barba en una barbería veo mis opciones desvanecerse, y el número de navajillas desechables aumentar en mi futuro. ¿Y cuando desaparezcan, a dónde se va a cortar el pelo un cavernario?

miércoles, julio 12, 2006

Harto de Zidane

El editorial del día de hoy de la Nación fue la gota que me colmó el vaso de la paciencia. Uno espera algo más de un editorial del periódico más importante del país. Pero no. Zidane y su cabezazo merecen un editorial (y una columna de Julio Rodríguez también). ¡POR FAVOR SEÑORES YA BASTA!

Fue un mes. Un mes completo de fútbol. Un mes completo del campeonato mundial más aburrido de la historia (si no me creen vean las estadísticas: el promedio de goles fue más bajo que el porcentaje de apoyo popular de Abel Pacheco). Y después de un mes, ¿todavía seguimos en eso?

No importa que Arias esté bombardeando al PARLACEN, no importa que los sindicatos y el Ministerio de Trabajo no puedan verse ni en pintura. No es importante que a un año del incendio del Hospital Calderón Guardia la Caja no ha puesto ni una piedra para reconstruirla o que sus abogados se comporten como hienas defendiendo a una presa frente a las pretensiones de indemnización de los familiares de los fallecidos. No importa que un policía fue muerto a tiros por una pandilla en Limón, no importa que sigamos ignorando que esas pandillas cada día son más y más parecidas a las maras centroamericanas. No importa que un medio de comunicación se vendiera a un candidato presidencial para que ahora recompensen a sus periodistas con puestos de gobierno. No importa que antes del mundial, la TVE presentara a un indígena de Talamanca muriendo de hambre (literal y gráficamente) y todos en Costa Rica decidamos ignorarlo. No importa que Israel y Palestina hayan optado por aniquilarse, que Bush use la constitución como papel higiénico, que el Papa clame por la recuperación de la familia o que los Norcoreanos estén listos para una guerra nuclear. No importa nuestro país, nuestra sociedad, nuestro presente, nuestro futuro, nuestro mundo.

No señores, nada, nada de eso importa. Lo importante es editorializar sobre el cabezazo de Zidane. Me imagino que el futbolista francés ha comenzado la tarde de hoy (hora de país), con la severísima preocupación de saber que el editorialista (y el columnista además) le han reprochado su comportamiento, luego se dirigirá a la sucursal más cercana del Banco Suizo donde guarda sus ahorritos, verá su saldo y se sentará a reir, porque a él señores, a él tampoco le importa nada.

GLOSA: ¿Y yo no estoy haciendo que La Nación hizo hoy? ¡Condenado Zidane! Lo que te haya dicho el tútile te lo tenías merecido.

(foto de AFP)

jueves, junio 22, 2006

De artistas y futbolistas

No concuerdo con aquellos que consideran que el fútbol es el opio de los pueblos. No concuerdo porque al menos este servidor no consume ese tipo de opio. Desde hace muchos años comprendí que el deporte profesional es un espectáculo pagado, el cual se consume con el fin de obtener entretenimiento. En ese sentido, el deporte está al mismo nivel que el cine o el teatro. Es consumo disfrazado de algo (de deporte, de arte de lo que sea, pero al final todo es consumo).

Igual me pasa con los artistas que de forma hipócrita afirman que viven del aplauso del público, pero que en realidad viven del cheque de pago (y como pude comprobar hace muchos años el pago del cheque puede aumentar de forma proporcional al grado de comunismo que ejerza el artista, entre más comunista más caro, con lo que los trovadores del pueblo deberían mejor llamarse vividores del pueblo.)

Si lo pensamos bien todo es lo mismo: Espectáculos para consumirse en un plazo de dos horas. Usted va al estadio, paga la entrada (consume) grita, se compra un souvenir del equipo (consume) se desespera, se toma algo (consume), celebra, se vuelve a tomar algo (consume), se enoja y se larga a seguir consumiendo. Eso en resumen es un partido de fútbol entre cualquier equipo. Todo el mundo lo sabe, pero al parecer la pasión por el fútbol es tan importante, que el fútbol no se consume se vive.

Ahora veamos a un artista. Usted llega a la teatro, paga la entrada (consume), comienza a sonar la música, usted comienza a aplaudir, lo más seguro cante con el artista, grite de emoción cuando oiga la pieza más famosa y luego salga del teatro satisfecho del artista, que le ha dado ese placer efímero de dos horas y queda listo para comprar su disco.

Yo fui un fiel consumidor. Yo estuve en los estadios cuando fuimos a Italia. Estuve en los teatros cuando vino Silvio. Estuve en los gimnasios cuando vino Sabina e incluso hay amigos que juran (lo cual niego rotundamente) que alguna vez fui visto en conciertos de Alejandra Guzmán y Thalía. Además voy al cine, de vez en cuando acudo al teatro y toda mi vida d