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domingo, octubre 21, 2007

Desempolvando la biblioteca 13.

Tal vez fue por lo cabalístico de la numeración, o tal vez porque como a todos me absorbió el boom del TLC y su referendo al punto de no poder escribir más que de un solo tema, lo cierto es que desde julio no hago las recomendaciones bibliográficas que prometí. Hubo además una causa adicional. Cuando hago la recomendación de biblioteca es porque me senté a leer de nuevo uno de mis libros (se supone que estoy desempolvando la biblioteca ¿no?), lo cierto es que desde hace un par de meses en mi mesa de noche está esperándome retador, con su mirada firme, con su lanza en alto, su flaco rocín y su compañero gordo y sabio, el Ingenioso Hidalgo en persona, que veinticinco años después de que una profesora de español lo trató de aniquilar ha regresado para que cabalgue de nuevo con él, en esa maravillosa edición de la RAE. Y yo, como un cobarde caballero de segunda categoría, lo he ido dejando de lado, bajo la burda excusa de que primero voy a leer los ensayos de Vargas Llosa, los estudios filológicos y los prólogos históricos que acompañan la edición. Y entonces me he castigado; No leeré nada hasta que Don Quijote haya cabalgado todo su camino de nuevo y vuelva a lecho de donde partirá hacia la inmortalidad. Y así, con esa determinación he comenzado. Pero desde que arranqué, por fin, me recordé del adeudo con los visitantes del Cuarto y decidí revisar algunas obras cortas para poder volver a la cabalgata. Les debo la crónica de mis aventuras con don Alfonso y por ahora les dejo un par de recomendaciones:

Desde el Jardín (Being There) de Jerzy Kosinski.

Esta novela es una paradoja del mundo comercial. Como best seller acaparó la atención del público por plantear la existencia de un nuevo profeta de la economía capitalista cuyo único mérito es ser un ignorante absoluto. Chance el Jardinero, al parecer retrasado e hijo ilegítimo del Anciano (un viejo acaudalado del cual nada sabemos), es sacado de su jardín vestido como millonario merced a la única herencia que recibió de su patrón (un traje elegante). Atropellado por la esposa de otro millonario, Chance es confundido por colega del mundo de los negocios y es llevado a la casa de un nuevo Anciano. Allí, su sabiduría de jardín lo lleva a rozarse por el mundo de los poderos y eventualmente alcanzar la máxima cima sin proponérselo.
La paradoja es que este es uno de los poquísimos libros a los cuales Hollywood le ha hecho el honor de hacer una película no sólo digna de la novela sino que, aunque ustedes no lo crean… extraordinariamente superior, con Peter Sellers en la mejor actuación de su vida. Recomiendo las dos (la novela y la película ampliamente)


La aventura de Miguel Litín, clandestino en Chile.

En algún momento de mi vida, tal vez influenciado por el humor negro y despiadado de mi abuelo, comencé a detestar cordialmente a García Márquez. No me malinterpreten, en cuanto termine el Quijote, los Buendía vienen directo a compartir mi casa por una temporada, por cuanto trato de leer Cien Años de Soledad al menos cada dos años. Pero mi abuelo siempre me decía que don Gabriel era un excelente periodista con grandes dotes de comerciante y el Amor en los Tiempos del Cólera me lo confirmó. Para mí esa novela fue un martirio de setecientas páginas que leí una vez y a la que NUNCA he querido regresar. Cuando salió El General en su Laberinto me pareció estar en presencia del relato de un sujeto resentido con Bolívar por haber cometido la osadía de liberar el continente suramericano sin ser colombiano. En ambos casos consideré que don Gabriel estaba escribiendo para vender.


Por eso cuando hace bastantes años me regalaron La aventura de Miguel Litín lo tomé con desgano y descubrí que en su humor negro mi abuelo solía decir verdades. Don Gabriel es un periodista extraordinario. Este relato, narrado en primera persona sobre hechos ocurridos al director chileno Miguel Litín durante un viaje a Chile de forma encubierta (sobra decir, durante la dictadura del Maldito), es una joya del periodismo que francamente reflejan las mejores artes de García Márquez y que además me reconciliaron con la pluma del autor. Años después Noticia de un Secuestro me ratificó que el autor es uno de los mejores cronistas del mundo. Litín viaja a Chile a filmar un documental sobre la dictadura, el relato es honesto y refleja los mitos y verdades del “milagro chileno” y el precio pagado por él. Además la narración transpira las emociones del narrador y nos deja con ganas de ver el documental (el cual por supuesto aquí a Costa Rica no llegó pero ni en versión pirata).

miércoles, julio 25, 2007

Desempolvando la Biblioteca 12: Visitando a don Alberto


En el mes de diciembre les indicaba que me pensaba regalar la biografía de Alberto Cañas “Ochenta años no es nada”. Lo cierto es que no pude adquirirlo hasta hace muy poco y acabo de finalizar su lectura. Al igual que me pasó con las memorias de Joaquín Gutiérrez (aunque sólo pude tener Los Azules Días por cuanto la Parca decidió llevarse a don Joaquín antes de tiempo), esperaba la biografía de este dramaturgo, periodista y abogado con ansias para repasar mejor la historia de Costa Rica desde un punto de vista subjetivo, el cual estaba seguro que compartiría.

Como siempre lo ha hecho, don Alberto no se guarda nada al momento de calificar los hechos históricos que analiza. No duda incluso de señalar los grandes defectos del que fuera su partido político, los terribles defecto de su querida Universidad de Costa Rica y la aniquilación absurda del ideal creado por él y Fernando Volio cuando inventaron el Ministerio de Cultura Juventud y Deportes.

Este libro me bajó del pedestal al último político por el cual sentí franca admiración. Por años, mi generación de liberacionistas (los que hoy tenemos cuarenta años), tuvimos como norte la reivindicación de Daniel Oduber como el gran estadista que consideramos que fue. Recuerdo vívidamente cuando al ocurrir su muerte la Juventud Liberacionista se encargó de todos los aspectos de su vela y funeral, por cuanto nuestro miserable partido no era capaz de brindarle a don Daniel los honores de expresidente que hacía menos de un año se le habían dado a don Pepe. Incluso nos dimos el taco de echar a La Nación de la vela en el Balcón Verde.

Pero las memorias de don Alberto nos presentan al Daniel que no conocimos y del que sólo vivimos de su imagen. El Daniel ambicioso a pesar de todo y de todos, el político absoluto que no le pesó el puño para no incluir en su gobierno a uno solo de los miembros del Centro para el estudio de los Problemas Nacionales, génesis de su Partido y de nuestra última revolución. El Daniel que hizo todo para ser presidente y a precio de lo que fuera.

Las memorias de don Alberto me llaman la atención por cuanto me presentan a un ciudadano de ochenta y tantos años que irradia optimismo. A pesar de que el país ha seguido un rumbo que detesta cordialmente, a pesar de que tuvo que salir de su partido (o más bien el partido se salió de él), a pesar de los pesares, todo el libro de don Alberto irradia optimismo, ese que sólo da el saber que se ha vivido una vida plena y sin arrepentimientos. Y creo que esto se basa en el hecho de que el pilar fundamental de su vida no ha sido su trabajo, su escritura o su docencia, su piedra de apoyo ha sido y será siempre su familia. Estamos en presencia, en pleno siglo XXI de un hombre orgulloso de su familia, de la que tuvo como antecedente y de la que formó. Su entusiasmo por la familia es lo que llena de alegría este gran libro.

Sólo una queja, y es una queja absolutamente personal: En algún punto del libro don Alberto rememora las épocas en que “Chisporroteos” era una columna humorística semanal (contrario a su formato actual). Recuerda don Alberto a un colaborador de la columna que escribía bajo el sinónimo 2432 y lo identifica como Álvaro Castro Jenkins. Aquí la memoria le jugó una mala pasada a don Beto, mi tío Álvaro fue presidente del Banco Central y probablemente su carácter de figura pública provocó la confusión: el 2432 era en realidad mi abuelo Arnoldo Castro Jenkins (el seudónimo era en realidad su apartado postal, el cual mi familia conserva a la fecha) y al cual don Alberto le rindió homenaje en su columna cuando murió en 1990 haciendo referencia precisamente a sus colaboraciones en “Chisporroteos”. Salvo esta mínima reclamación, recomiendo profundamente este libro.

martes, mayo 29, 2007

Desempolvando la Biblioteca (11) El lado oculto de un Presidente.

Adquirí El Lado Oculto del Presidente Mora del periodista Armando Araya, atraído por las críticas positivas que sobre él se leen en la prensa. Especialmente, me llamó la atención que frente a la desidia absoluta del Gobierno de celebrar como se debía el sesquicentenario de la Campaña Nacional, un autor fuertemente vinculado al mundo político tradicional (don Armando fue ministro liberacionista en los ochenta), saliera con un documento que pone en entredicho el papel no sólo de los Estados Unidos como Gobierno en el conflicto que sostuvo esta patria con los filibusteros (dejando al Gobierno de EE.UU. como la potencia expansionista, colonialista y enemiga de la humanidad), sino que sin pelos en la pluma denuncia el magnicidio que fue el fusilamiento de Juan Rafael Mora en Puntarenas como la venganza de la cafetocracia hacia el prócer que se atrevió a ser grande.

La lectura del libro nos deja con la sensación de que Mora fue el Bolívar de nuestra patria, y que la oligarquía primero y luego los liberales, se encargaron de aniquilar su figura, porque al fin y al cabo, Juanito era anti-yanqui.


Salvo los libros de Jorge Sáenz Carbonell, pocas veces me he encontrado con un libro de Historia con tantas fuentes bibliográficas tan bien aprovechadas. El estudio de don Armando se basa en documentos obtenidos no sólo en nuestro país, sino además en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Se siente como una investigación realizada con amor a la patria, con cuidado en los detalles y con pasión por el tema. Tal vez con demasiada pasión.


Ese es mi humilde criterio el gran problema del libro. Don Armando ha escrito su libro apasionadamente a favor del Presidente Mora. En su introducción nos narra una discusión con Don Carlos Meléndez en la que señala su duda por la inquina con la cual la historia ha tratado a don Juan Rafael. A partir de ahí leemos el documento de un verdadero paladín defensor de don Juan Rafael, que siento dejó de lado un poco la objetividad al presentar al juicio de la historia al líder de la Campaña Nacional.

En todo caso lo recomiendo.

miércoles, abril 25, 2007

Desempolvando la biblioteca (10). Retorno a la escuela.

Lo mencioné de pasada cuando comenté a Don Cato y cuando criticaba la gran idea de un arquitecto. Este es un libro que me marcó profundamente en mi niñez y que me hace pasar grandes recuerdos y emociones en mi época actual.

Enrique Bottini, el narrador que apenas destaca como protagonista, su amigo Garrone, el gigante bondadoso que sufre en media novela la muerte de su madre, Derossi el superdotado, Stardi el testarudo que decide aprender o reventar y aprende, y el malvado Franti, el criminal infantil que no falta en una escuela, acompañados por el severo maestro Perboni, que tras su barba y su arruga pronunciada en la frente esconde un corazón enorme y una vocación de enseñanza de esas que ya no se encuentran.

Me refiero a Corazón de Edmundo de Amicis (1846-1908), del cual tengo que decir que esta es la única novela que conozco y aunque su biografía menciona varias publicaciones adicionales Cuore es la única que ha pasado la prueba del tiempo. La trama se desenvuelve durante el quinto año escolar de Enrique y sus compañeros, donde la amistad, la enfermedad, la muerte, la valentía, el heroísmo y la patria son tan protagonistas como los muchachos de la Escuela Baretti (que para mis efectos, en mi imaginación siempre fue y será para siempre el edificio metálico).

El diario de Enrique nos guía además un poco por la historia de la nueva Italia, nos presenta al Rey Humberto (hijo de Víctor Manuel), y al héroe Garibaldi. Nos llena además de guía paterna, cuando la madre y el padre de Enrique le escriben notas en su diario, en algunos casos severas, la mayoría aleccionadoras (imagínense en estos tiempo de Sala Constitucional si a un papá se le ocurriera el terrible delito de leer el diario de sus hijos y peor aún, ¡dejarle notas en el!).

Las aventuras de los muchachos son hermosas y excelentemente narradas y como si esto fuera poco, cada mes Enrique debe transcribir un cuento para su clase (nueve en total) y De Amicis nos regala ahí dos de los más maravillosos cuentos de la literatura italiana Sangre Romañola bellísima historia de amor y redención de un niño problemático y De los Apeninos a los Andes, que para los que no lo recuerdan es la historia de un tal Marco que debe viajar a la Argentina a buscar a su madre… (si no lo recuerdan ahí les va una pista… en un puerto, italiano al pie de las montañas…).

¿Por qué les recomiendo un libro de muchachos? Porqué sí en primer lugar (al fin y al cabo es mi cuarto), pero además porque hace un par de años mi esposa y yo nos topamos con la difícil tarea de regalarle algo a un niño que tiene la extraña enfermedad de la lectura (al fin y al cabo se llama Eduardo, cómo no la va a tener) y cuando comenzamos a buscar un libro que le pudiera gustar Corazón saltó del anaquel directo a mis manos y no encontré nada en toda la librería que fuera mejor que ese libro para un muchacho que está llegando a la edad en que puede perder su alma en el Nintendo si un libro no lo rescata.

Y tal vez alguno de ustedes conozca a un niño que quiera leer algo bueno, o tal vez su niño interior le está pidiendo salir a jugar… Enrique lo está esperando en la escuela.

viernes, marzo 23, 2007

Desempolvando la biblioteca (9). Leyendo ensayos de Eco

Hacía rato que había dejado de leer ensayos y me decidí a abrir un librito que estaba en el anaquel desde hacía varios años esperándome. Cinco ensayos morales de Umberto Eco. Sí el mismo Eco de El Nombre de la Rosa, El Péndulo de Focault y que es reconocido como uno de los mejores escritores de esta postmodernidad que vivimos. De hecho, antes de que la fama y la fortuna le llegaran de la mano de Adso de Melk don Umberto era ya un reconocido ensayista y considerado por muchos el mejor semiótico del siglo XX. (¿Qué es Semiótica?, vaya a desempolvar su biblioteca y lo averigüa). Los ensayos que aparecen en este libro fueron escritos a finales del siglo pasado (sí el XX) y reflejan no sólo el pensamiento del autor, sino que además nos lanza de frente con la realidad de la sociedad occidental en casi todos sus aspectos. El detalle de los ensayos es el siguiente:

a) Pensar en la Guerra. Reflexión frente a la guerra del golfo (la original de Bush Sr.) y de cómo la guerra parece ser la única constante histórica de la realidad humana. Aquí plantea una idea inquietante, la solución para la Guerra el hombre ya la había encontrado y la perdió: La Guerra Fría. Ahora, sin el balance de poder que en su momento existía entre este y oeste, hemos vuelto a la guerra absoluta.

b) El fascismo eterno. Ensayo sobre como periódicamente los elementos básicos del fascismo vuelve a surgir en la sociedad occidental. Aquí reclama (como italiano que es), que cuando en el mundo un Estado o un Partido Político empieza a coquetear con el nacionalismo extremo, o la exclusión de clases sociales, nadie habla de vuelta al nazismo sino de fascismo.

c) Sobre la prensa. En mi criterio el mejor ensayo del libro. Análisis objetivo sobre la transformación de la prensa escrita de diarios a semanarios que circulan diariamente. La batalla de la inmediatez de la información la ha ganado la prensa televisada. La prensa escrita quedaría relegada a la labor de análisis de la noticia. Pero, señala, la prensa italiana ha cedido a la presión de ser simplemente una seguidora de las noticias que salen en televisión primero, es decir no analiza objetivamente, sino con base en lo que ya tuvo cobertura.

d) Cuando entra en escena el otro. Contestación de Eco a una pregunta formulada sobre el ateísmo, y como incluso el ateo puede reconocer la existencia de Dios por cuanto la existencia del otro (es decir del resto de los individuos que lo rodean) lo obliga a cumplir un código moral, moral que al menos en nuestra sociedad, por lo general proviene de profundas convicciones religiosas.

e) Las migraciones, la tolerancia y lo intolerable. Sobre este no me voy a referir mucho, salvo para señalar que fue su lectura lo que motivó la serie de artículos sobre la migración que han visto en estas dos semanas en el cuarto.

lunes, febrero 05, 2007

Desempolvando la biblioteca (8)

Me saltó de un anaquel de una compra venta de libros usados. Me lo acabé en menos de cuatro horas. "El Desafío de la paz en Centroamérica" de Guido Fernández. Lo leí con la nostalgia que da el tiempo. De recordar lo años de la Guerra Fría, de cuando este pedazo de tierra en el centro del Continente era una de las piezas del ajedrez que el Kremlin y el Pentágono manejaban en su juego de guerra.

Me sirvió también para reencontrarme con el Oscar Arias por el que yo voté. Aquél político lleno de ideales de paz y justicia para América Central que contra todos los pronósticos venció a Calderón en el 87 y a Reagan en el 87, el 88 y el 89.

El relato de don Guido es ameno, personal. Cargado del estilo periodístico que en ocasiones tiende a lanzarse una que otra flor a su persona por el papel preponderante que jugó como embajador en Washington. El único pecado que le encuentro al libro es que ignoró olímpicamente un factor preponderante de todo el proceso de paz en Centroamérica: El boicot casi traidor que La Nación hizo durante tres años al proceso (al fin y al cabo don Guido fue su director por muchos años por lo que no quiso morder aquella mano). Por lo demás un excelente relato periodístico de un tiempo ido.

Faltan detalles que alguna vez conocimos en la Universidad. Guido se centra más en el escenario de Washington que en el de Esquipulas o San José. Olvida las presiones que sufrió Azcona por parte de EE.UU. para que no se plegara al plan. Pone como un héroe a Napoleón Duarte (que sin embargo llenó de vergüenza a toda Centroamérica al besar el pabellón norteamericano en la Oficina Oval ante la mirada divertida de Ronny). No menciona lo duro que era Oscar para negociar en los momentos cumbres (hay una anécdota documentada en algún periódico: Azcona abandonó la reunión de San José en el 88 con el fin de enterrar el plan de paz, Oscar, actuando como si nuestro país hubiera tenido ejército, decidió ordenar el cierre del aeropuerto Santamaría para que el avión de Azcona no pudiera salir y forzarlo a volver a la mesa de negociación). Pero en general, el libro es bueno porque nos recuerda una verdad que creo que no ha cambiado a la fecha de hoy y que es la conclusión del libro de don Guido.

Los Estados Unidos no conocen la realidad de Centroamérica. No la conocían en los ochenta, no la conocen hoy en día. Nunca les ha interesado conocerla. Ellos sólo quieren que en Centroamérica se haga una cosa, lo que ellos dicen…

El libro es una publicación de la Editorial Costa Rica. Y debe andar por ahí…

domingo, enero 14, 2007

Desempolvando la Biblioteca (7)

Atrasado en mi entrega mensual de recomendaciones bibliográficas les propongo este mes un par de aventuras de “muchachos” de esas que me gustaba leer en la escuela, me siguieron gustando en el Liceo y todavía las tomo de vez en cuando de nuevo…

Golfos de Bien (Lauro Olmo).

Algo tienen los relatos de la España franquista que me gustan siempre. Olmo nos presenta un relato de una pandilla de golfos, muchachos entre los diez o los doce años, que se enfrentan a su transformación en hombres en medio de una nación que carece de esperanza. El personaje principal Enzo, es un niño serio, en principio de buena familia, que un buen día se harta de la autoridad y huye sin razón aparente más que para ser libre en el único lugar que los niños son libres en la ciudad: La calle.

En la calle, junto con el inseparable “Cabrito”, y una banda de golfos de diversa calañas buscarán pelea, jugarán juegos infantiles, harán guerras de orina usando sus “armas” como cañones y de vez en cuando le harán la vida miserable a “Luisito” o cualquier otro muchacho que les parezca demasiado obediente, demasiado elegante o demasiado insoportable.

El libro nos hace reír pero hacia el final nos deja un halo de tristeza por cuanto sabemos que aquellos jóvenes no tienen ninguna esperanza, van rumbo a la España de Franco, donde la libertad que han gozado morirá pronto.

Lauro Olmo es recordado en España más por su dramaturgia que por su narrativa, y cuando investigaba un poco para este artículo me topé con que su estilo es denominado como socialrealista, palabra que sin lugar a dudas la inventó un profesor de español para desgraciarle este libro a algunos pobres estudiantes.

Si bien el libro es una serie de relatos de muchachos, este no es un libro para muchachos. Se recomienda para preadolescentes.

La Escuela de Don Cato. (Tomás Salvador)

A Salvador (otro español) lo conocí como autor de relatos cómicos en una colección que tenía como personaje principal a un tal Manolo. Por eso cuando tomé La Escuela de Don Cato no me esperaba un relato tan especial, tan lleno de humor y de ternura, donde el autor tiene la facultad de hacerse niño para personificar a los alumnos, de ser adulto cuando pone a hablar al director, y de ser un ángel cuando debe presentarnos a Don Cato.

Don Cátulo (Cato para los estudiantes) dirige una clase de tercero en una escuela innominada, pero que puede ser cualquiera, puede ser del campo o de la ciudad o puede ser la suya o la mía. Según su humilde criterio sus alumnos son los más burros que hay sobre la faz de la tierra, pero los ama tan incondicionalmente que se le olvida de vez en cuanto ese detalle (además se le olvida dar de vez en cuando una lección que sirva para algo). De los estudiantes destaca el Chuta, que es tan cabezón (literalmente) que sólo sirve para jugar y pensar sobre fútbol. Las preguntas y respuestas de don Cato y el Chuta pueden provocar que uno se caiga de la silla mientras lee el libro dominado por la risa.

El libro tiene un par de pecadillos menores: algunos personajes infantiles parecen copias alteradas de los alumnos de Corazón de Amicis. Pero el relato es gracioso, es tierno y es humano. El narrador es uno de los estudiantes, que ya viejo recuerda su escuela. Les dejo el misterio de cuál de los personajes narra la obra (no es el Chuta, de una vez les digo) pero les garantizo un magnífico rato sentado en el aula de Don Cato.

jueves, diciembre 14, 2006

Desempolvando la Biblioteca (6)

Diciembre es un buen mes para leer. Por lo general uno puede sacar tiempo en las noches para ponerse al día con las lecturas y trasnochar un poco por cuanto no existe la obligación de madrugar mucho al día siguiente (además leer de noche en diciembre también ayuda a evitar ver Televisión Nacional en el fin de año). Para este mes tengo un par de recomendaciones de la biblioteca del Cuarto:

Canción de Navidad. Charles Dickens

A Christmas Carol se traduce literalmente como un villancico, pero la tradición navideña hispano parlante la ha transformado en Canción de Navidad, Cuento de Navidad y nombres similares. Lo importante es que para este servidor, una navidad sin el Señor Scrooge pierde su sabor. Lamentablemente, este cuento de Dickens creo que tiene unas setenta y tres versiones cinematográficas (algunas memorables, otras olvidables y hasta con los Muppets o Rico Mac Pato como protagonistas), lo que ha hecho que la trama sea demasiado conocida como para despertar el interés por el cuento escrito.

Sin embargo, uno no debe olvidar que Dickens es uno de los mejores escritores de habla inglesa, y que en este pequeño cuento desarrolla todas sus habilidades, principalmente en los diálogos entre los personajes (las películas nunca han sacado provecho del verbo de Scrooge, por cuanto han privilegiado la imagen sobre la palabra, como siempre ocurre en el cine). Además, no deja de ser retador dejar que la imaginación nos lleve por el camino del viejo Evenezer hacia la redención, especialmente por cuanto el detalle de la narración nos conduce hacia los sentimientos de Scrooge, y sentimos su avaricia, su trizteza, su nostalgia y su enorme temor por la muerte.

Este cuento está siempre a disposición en las librerías y en casi todas las bibliotecas virtuales en Internet, por lo que no pierda tiempo, hay un viejo avaro y cuatro fantasmas esperándolo en una callejuela de Londres en esta nochebuena.

Shogun. James Clavell

A veces la televisión hace cosas buenas. A principio de los ochenta en canal 6 dieron una miniserie protagonizada por Richard Chamberlain acerca de un pirata holandés que naufraga en las costas del Japón durante la época preliminar a una guerra civil. La miniserie era notable por lo que al saber que estaba basada en un libro, mi familia decidió encontrar la novela.

Clavell es un autor británico cuyas mejores obras (Shogun, Tai Pan, La Casa Noble) se desarrollan en el pacífico asiático. Ubicada en el Japón feudalista de 1600, Shogun es una novela que narra las aventuras del Capitán Blackthorne, pirata políglota holandés al servicio de su majestad la Reina de Inglaterra, con patente de corzo para saquear cualquier buque español o portugués que se encuentre en la Mar (aquí vale hacer una explicación, para los españoles y portugueses, Blackstone es un pirata, para los ingleses es un comerciante).

Siguiendo la ruta de comercio de los españoles a oriente por el estrecho de Magallanes, Blackthorne naufraga en Japón, en una pequeña villa que pertenece a los dominios del Gran señor Toragana. Ahí, por diversas circunstancias, será parte de los juegos políticos de los daínos (señores Feudales) japoneses que se preparan para un conflicto armado entre Toragana e Ishido, el otro gran señor feudal que por el momento comparten el poder ante el vacío dejado por la muerte del Taiko, quien fuera el hombre que trajo la paz a Japón.

Blackthone será obligado a transformar su cultura europea por la japonesa, recibirá un nombre japonés (Anjin-san, que significa piloto) y por su valentía en salvar la vida de Toragana le conferirán el grado de Hatamoto y pasará a formar parte de la elite de los guerreros Samurai. En el ínterin, se enamorará de la mujer equivocada, se enfrentará a enemigos poderosos (incluyendo por supuesto a los malos de la película para cualquier inglés: La Iglesia) y transformándose poco a poco en un japonés más, dejando de lado su ser europeo.

Excelente libro basado en no pocos hechos históricos reales y que nos presenta de frente el dilema del conquistador que se topa una cultura que no sólo no puede ser conquistada, sino que además es capaz de sacar a cualquier colonizador a patadas de su territorio. Además presenta muchos elementos de la cultura japonesa y las tradiciones milenarias del Samurai. Uno se queda con la sensación en todo el libro de que los occidentales son unos salvajes, incapaces de entender una cultura que les gana en historia por más de cinco mil años.

Recomendación Final: Alberto Cañas.

Este servidor espera poder regalarse esta navidad “80 años no es nada”, las memorias de don Alberto Cañas. Siempre he sido un gran admirador de su teatro (no creo que nadie logre escribir en nuestro país algo tan bueno en teatro como En agosto hizo dos años), de su columna Chisporroteos y me parece que Los Molinos de Dios es una de las novelas mejor escritas de nuestra historia. Pero así como esperaba ansioso las memorias del trotamundos novelista y ajedrecista Joaquín Gutiérrez (que lamentablemente quedaron inconclusas), las memorias de don Alberto tienen que ser un documento muy valioso sobre la visión de Costa Rica en las palabras de un costarricense enamorado de la patria, crítico incansable y político activísimo, que además fue un respetable Abogado Penalista (Para los que no lo saben él es el “Cañas” de Facio-Cañas, ese bufete baluarte del Neoliberalismo Posmoderno) hasta que se retiró prematuramente para entregarse de cabeza a su pasiones predilectas: el periodismo, la escritura y la política. Su forma franca y directa de pensamiento, que le permite decir las cosas sin pelos en la lengua y su filosofía de rechazar la estupidez en todas sus presentaciones lo hacen un autor valioso para cualquier biblioteca.


Recomiendo su novela, su teatro y sus cuentos. Y recomiendo su columna periodística, la cual lamentablemente sale en la República, que ha degenerado en una Revista de Negocios, por lo que pueden leerlo en el sitio de Tribuna Democrática.

viernes, noviembre 10, 2006

Desempolvando la Biblioteca (5)

Este mes he incumplido mi promesa de publicar el jueves de la primera semana de cada mes una recomendación de mi biblioteca. Comienzo con un aviso: En la Librería Internacional encontré una nueva edición de Matar un Ruiseñor en español, por si quieren ir a buscarla.

Para ponerme al día con dos aportes: uno bibliográfico y el otro videográfico, ambos vinculados (y sí, terriblemente comerciales)

El señor del crimen organizado

Mario Puzo es uno de los escritores norteamericanos de mayor éxito de mercado. La mayoría de sus libros se dedican a describir el papel las sociedades secretas del crimen organizado de raíces italianas (sicilianas y napolitanas) en el territorio de Estados Unidos. En este sentido siempre se le ha criticado por rodear de un glamour especial a las familias mafiosas, haciéndolas atractivas al lector, a pesar de que estamos hablando básicamente de ladrones, extorsionadores, traficantes y asesinos. El señor Puzo además era un reputado guionista cinematográfico y aunque la mayoría de sus películas conocidas son del tema del crimen organizado, pocos recordamos que el guión de Superman (la primera película de Christopher Reeve), era de su autoría. De don Mario en mi biblioteca aparecen los siguientes libros:

Omerta: Su obra póstuma. Refleja una familia mafiosa cuyos herederos ya no pertenecen a esta sociedad secreta, sino a la sociedad civil que los Capos solían despreciar. El último capo, decide entonces que un huérfano al que ha adoptado (su sobrino) tome el control del negocio familiar y de paso proteja a sus hijos, los cuales no se dan cuenta que el pasado de su padre los va a perseguir por siempre. Si comparamos esta novela con otras del señor Puzo, es una de las mejores logradas, tiene un momento espectacular, que nos recuerda que en ocasiones, el fratricidio es el mayor de los pecados, que sin embargo no está libre de redención.

El último Don: Francamente, el más malo de todos los libros de Puzo sobre la mafia. Las aventuras de una familia mafiosa y la forma en que se incorporan al mundo de Hollywood parece escrita por Corín Tellado (además dio paso a dos miniseries televisivas REALMENTE malas).

El siciliano: Muy buena novela con características históricas: Narra la vida del bandido siciliano Salvatore Guiliano y de su guerra contra el gobierno, contra los señores Feudales y contra Don Crocce Malo el capi di capos. Lo que me llama la atención es que es considerada una novela menor de Puzo, aunque es claramente superior al Último Don. Esta tiene una excelente película dirigida por Michael Cimino que protagonizada por Christopher Lambert.

La Mamma: Saga de una familia italiana con una fuerte matriarca a la cabeza. En este caso la Mafia es protagonista secundaria.

El Padrino: Dejo para el final la mejor. La novela que definió el género del crimen organizado. La historia de los Corleone y su negocio familiar. El ascenso y caída de la familia más poderosa de la mafia newyorkina nos es presentada como un drama familiar, en donde el mayor sueño de Vito Corleone (proteger a su familia de el mundo cruel que lo rodea) se va cayendo a pedazos cuando ninguno de sus hijos logra evadir el infierno que el mundo y su padre les ha creado. El don abandona el mundo alegre de haber vivido según sus reglas dejando tras de sí un hijo muerto, otro perdido en el vicio, la menor transformada en una caricatura de la agresión a la mujer y a su hijo más amado, a su benjamín, transformado en la versión maligna de su ser. Michael Corleone tendrá sólo las virtudes de su padre para manejar el negocio, pero nunca podrá poseer el resto de sus cualidades, por ello será más temido que amado, y por ello su vida será el infierno de aquellos que escogen ir en contra de la sociedad. La conciencia de Michael es su esposa, y aunque la novela no lo deja ver, pues termina en el momento en que Michael acapara todo el poder y se planta como un emperador, es claro que su conciencia lo está abandonando y que el sueño de la familia Corleone está tan manchado de sangre y lágrimas que no es otra cosa que una pesadilla.

El libro cuenta además con maravillosos personajes secundarios (uno puede toparse a un cantante mafioso que camina como Frank Sinatra, canta como Frank, conquista como Frank y que será el rey de las Vegas como Frank, y por el cual Puzo fue demandado por cuanto el viejo Frankie se sintió un poco ofendido).

No sé si en un siglo cuando los historiadores de la literatura norteamericana revisen el siglo XX quieran poner a Puzo a la par de Hemingway o de Capote o de Lee. Pero sus novelas producen pasión al lector que quiere seguirlas devorando todos los días. Les dejo pendiente un comentario de Los Borgia (llamado en inglés The Family), por cuanto no he podido sacar el tiempo para conseguirlo en formato de papel (la edición digital no autorizada que circula en Internet tiene demasiados errores que hace imposible su lectura).

Videoteca: La saga de los Corleone:

El Padrino y El Padrino Parte II son tal vez los únicos ejemplos de que se pueden hacer secuelas sin perder la calidad. El Padrino es una excelente adaptación de Francis Ford Copolla de la novela de Puzo (que fue el guionista) con la participación de Marlon Brando (en el papel que relanzó su carrera), James Cann (extraordinario más si se considera que no era italiano e interpretaba al más apasionado de los hijos del don), Robert Duvall (el consigliori irlandés), John Cazalle (como el atormentado Fredo, el inútil de la familia), Thalia Shire (antes de ser esposa de Rocky era la hija menor del Don) y por supuesto Pacino como Michael, el cual va evolucionando en la película casi de forma maquiavélica (y con ello poco a poco vamos descubriendo su habilidad actoral, al principio parece un actor de reparto de segunda y conforme su personaje va evolucionando su capacidad de interpretación mejora hasta llegar a los niveles de Brando).

Todo es extraordinario en esta película: El vestuario, la ambientación, el ritmo. Contiene escenas memorables que han sido transformadas en íconos culturales (La cabeza de caballo en la cama por ejemplo) y tuvo el mérito de hacernos sentirnos bien de que los malos ganen al final (sí señores, no nos olvidemos, los Corleone SON LOS MALOS.

El Padrino Parte II es la ÚNICA secuela de una película que ha superado a la primera en premios obtenidos. Para presentar la juventud de Don Corleone había que encontrar a un joven Marlon Brando y por supuesto sólo un De Niro podía con el papel. El resto del reparto permanece (con la excepción de los muertos en la primera película), y vemos en realidad dos películas al mismo tiempo: La historia de Vito Corleone, de Sicilia a New York y la historia de Michael y cómo su imperio parece caerse a pedazos por culpa de un mafioso judío y del Congreso de los Estados Unidos. Mientras que la historia de Vito nos llama la atención por cuanto presenciamos el ascenso del imperio, la de Michael nos presenta la caída, no la caída financiera o social, sino la caída moral. Vito es un hombre de familia, que hizo todo para protegerla del mundo. Michael es el tirano solitario que poco a poco pierde todo lo que quería: Su padre, su esposa, su hermano…

Escenas memorables: El regreso de Vito a Sicilia para matar al hombre que mató a su padre. El beso en la boca de Michael a Fredo en Cuba: I know it was you Fredo… you broke my heart y por supuesto la escena final, cuando se escuchan los balazos en el lago, mientras Michael observa en la distancia… En fin una maravillosa saga…

Que lamentablemente termina con El Padrino Parte III. Digamos que aunque haya sido nominada al Oscar, no es bueno mezclar a Puzo con David Yallop.

lunes, octubre 02, 2006

Desempolvando la biblioteca (4) El cura, el comunista y el Cristo.


Los conocí hace ya bastantes años cuando entrando en la adolescencia, mi madre me permitió el acceso a los libros que ella y mi padre leían. No era mi primer autor italiano (ya DeAmicis me había presentado algunas postales de Italia), pero Giovanni Guareschi (1908-1968) se encargó de presentarnos un pueblito europeo que en muchas cosas se parece bastante a nuestros pueblitos latinoamericanos.

Don Camilo, La Vuelta de don Camilo, El Camarada Don Camilo y Don Camilo y los jóvenes de hoy, constituyen cuatro recopilaciones de cuentos que el autor publicara periódicamente en el periódico Cándido en el período de la posguerra (Originalmente los relatos se denominaban Mondo Pícolo). La trama es sencilla, en el pueblo (que no recibe nombre pero que es cualquier pueblo rural a orillas del Po en el Norte Italiano), se vive con tranquilidad sin pensar tanto en las clases sociales si no más bien en las creencias políticas y religiosas. El gran rector del pueblo es el cura, el famoso Don Camilo, un hombrazo grande con manos como palas que cuando la palabra de Dios no quiere entrar en la cabeza de sus fieles él trata de meterla a trancazo limpio. Al frente están los comunistas, encabezados por el camarada Peppone un bruto grandote capaz de sentar a un buey de una manazo. Ambos son leales enemigos y los relatos inician cuando en el pueblo Peppone (y por ende los comunistas) acaba de ser elegido Alcalde del Pueblo.

Las aventuras de estos dos compañeros de mil batallas van desde enfrentar huelgas, enterrar ancianas, sanar heridas que dejó la guerra, enterrar el pasado fascista, ayudar a amantes desesperados y de vez en cuando intercambiar unos cuantos golpes entre ellos para no perder la costumbre de saberse enemigos inseparables que dependen el uno del otro para justificar su existencia. En medio de ello surge la figura del Cristo del Altar mayor de la Iglesia del Pueblo, que, si bien le habla directamente a Don Camilo, en ocasiones decide darle a éste una lección escuchando más a Peppone.

Es un pueblo rural, donde la gente se conoce desde hace generaciones, donde se contradice al cura no por querer ser enemigo de Dios sino para que el sacerdote se enoje y se critica al Alcalde no porque sea un mal sujeto sino al fin y al cabo es comunista y en esos tiempos de la posguerra nadie quería a los comunistas.

El relato es ameno siempre, por ratos es hilarante y por ratos triste. El Cristo nos recuerda a nuestra conciencia, independientemente de nuestras creencias y el pueblo se nos parece a cualquier aldea que hayamos conocido, donde la gente no se extraña de que el cura y el alcalde se líen a trompadas, ni que el hijo del mayor comunista del mundo se quiera casar con la hija del mayor reaccionario del universo, ni que el obispo no pueda entender a su cura ni el comité político del partido no comprenda a su Alcalde. Un pueblo donde incluso uno se encuentra caminando por la margen del río a un fantasma y en vez de asustarse la gente le pregunta como está (sí, el realismo mágico no siempre es latinoamericano). Por cierto, el río es uno de los protagonistas, tan importante como el Flaco, el Brusco, Tormento, el obispo, etc.

Los cuatro volúmenes cubren varios períodos de la historia italiana, de ellos el tercero (El camarada Don Camilo) es el más flojo por cuanto Guareschi era un férreo anticomunista que aprovechó su piccolo mondo para fingir un viaje a la U.R.S.S. que más parecía un folleto de propaganda de la CIA (aunque hay que decirlo, decía algunas verdades). Vale la pena leerlos todos, especialmente los dos primeros, que tienen los pasajes más delirantes. El último de ellos, publicado de forma póstuma, reflejaba el choque de generaciones del cura (que no entiende para nada el Concilio Vaticano II) y el Alcalde (que no entiende para nada el comunismo moderno que los chinos le quieren imponer al pueblo) y de ambos frente a una juventud desenfrenada que no quiere creer en nada.

Los dejo con el autor, para que entiendan un poco mejor su obra:

Uno ahora me dice: hermano ¿por qué me cuentas, estas historias?

Porque sí, respondo yo. Porque es preciso darse cuenta de que en esta desgraciada lonja de tierra situada entre el río y el monte pueden suceder cosas que no ocurren en otra parte. Cosas que nunca desentonan con el paisaje. Allá sopla un aire especial que hace bien a los vivos y a los muertos, y allá tienen un alma hasta los perros. Entonces se comprende mejor a don Camilo, a Pepón y a toda la otra gente. Y nadie se asombra de que el Cristo hable y de que uno pueda romperle la cabeza a otro, pero honradamente, es decir, sin odio. Tampoco asombra que al fin dos enemigos se encuentren de acuerdo sobre las cosas esenciales.

Porque es el amplio, el eterno respiro del río el que limpia el aire. Del río plácido y majestuoso, sobre cuyo dique; al atardecer, pasa rápida la Muerte en bicicleta. O pasas tú de noche sobre el dique y te detienes, te sientas y te pones a mirar dentro de un pequeño cementerio que está allí, debajo del terraplén. Y si la sombra de un muerto viene a sentarse junto a ti, no te espantas y te pones a platicar tranquilamente con ella.

He aquí el aire que se respira en esa faja de tierra a trasmano; y se comprende fácilmente en qué Pueden convertirse allá las cosas de la política.

En estas historias habla a menudo el Cristo crucificado, pues los personajes principales son tres: el cura don Camilo, el comunista Pepón y el Cristo crucificado.

Y bien, aquí conviene explicarse: si los curas se sienten ofendidos por causa de don Camilo, son muy dueños de romperme en la cabeza la vela más gorda; si los comunistas se sienten ofendidos por causa de Pepón, también son muy dueños de sacudirme con un palo en el lomo. Pero si algún otro se siente ofendido por causa de los discursos del Cristo, no hay nada que hacer, porqué el que habla en mi historia no es Cristo, sino mi Cristo, esto es, la voz de mi conciencia.

Asunto mío personal; asuntos íntimos míos.

Conque, cada uno para sí y Dios con todos.

lunes, septiembre 04, 2006

Desempolvando la Biblioteca (3)

Después del Ruiseñor y Marcos, me permito seguir con ustedes desempolvando la biblioteca del cuarto. Para este mes quisiera sacar del baúl de los recuerdos un libro que estoy seguro no fue lectura obligatoria de nadie en su época estudiantil, ya que no forma parte de los consagrados debido principalmente a que su género es considerado por muchos como de segunda categoría.

Existen, al parecer, diferentes géneros de la literatura de los cuales algunos sólo sirven para hacer dinero (lo cual si usted es escritor es un pecado, por cuanto usted como escritor debe morirse hambre por un tiempo antes de ser famoso y respetado). Entre esos géneros caben las novelas que yo denomino de acción y espionaje (F. Forsyth; Collins y Lapierre; y algunos de L. Uris caen en esta personal calificación). Además tenemos otros que casi podemos de calificar de aventuras sólo que por ser de autores modernos (Como Clavell en Shogun o Tai Pan), no pueden compartir el podio con aventureros clásicos como Verne, Salgari o Dumas padre (de Dumas hijo, mejor no hablar). Siguiendo con el tema de los fabricantes de Best-Sellers, aparecen los autores new age o como prefiere llamarlos el suscrito autores Light (con Cohelo y su insufrible colección de melosos e insoportables libros como ejemplo principal), en ellos la exigencia intelectual es mínima.

Pero me estoy desviando del tema: El género de Best-Sellers al que quería hacer referencia es el de la ciencia ficción. Atención, eso sí, no me refiero a la ciencia ficción moderna, si no a la denominada era de oro de la ciencia ficción. Cuando los escritores eran casi tan científicos como escritores y planteaban una visión del futuro donde la energía atómica, los viajes espaciales y los robots serían lo más natural en este segundo milenio. Es maravilloso leer los relatos y novelas de esta época (especialmente los escritos antes de que el hombre llegara a la luna). Assimov y Heinlein principalmente, desarrollaron un universo maravilloso donde el hombre reclamaba para sí el universo a través de colonizaciones masivas (Heinlein lo hacía a traves del viaje en el tiempo y las colonias conquistadas por medio de la guerra, Assimov por medio de la conquista pacífica provocada por la superpoblación y agotamiento de los recursos). La tecnología en esos cuentos y novelas eran más y más grandiosas cada vez y al parecer el conocimiento del hombre no tenía fronteras.

La mayoría de los autores de la edad dorada estaban seguros de que la Tierra tendría algún día un gobierno mundial (fracaso absoluto de la ciencia ficción) y que conquistaríamos el universo. Por ser gringos la mayoría de los autores de esa época, el sistema capitalista y militarizado norteamericano generalmente prevalecía, aunque siempre con algunas críticas severas al sistema (en la luna por ejemplo, no hay almuerzo gratis, usted tiene que pagar por el aire que respira).

En fin, es un género que me ha gustado desde que lo descubrí y no he dejado contaminar mi gusto con las obras de ciencia ficción más modernas. Les dejo cuatro recomendaciones:

- Metrópolis de Thea Von Harbou. Tal vez la más extraordinaria novela de ciencia ficción que haya leído en mi vida. Para recuperar el amor de su hijo un padre puede hacer hasta lo imposible. El padre es el gran administrador de Metrópolis, la super ciudad, la mega ciudad, la ciudad de futuro. El hijo huye de su riqueza y se mezcla con los obreros que parecen carecer de alma (pero que sospechosamente son muy parecidos a él). En el medio surge el amor y la pasión por la vida en la forma de una mujer. Es maravillosa en todo sentido, especialmente si se toma en cuenta que fue escrita en 1926. Su versión cinematográfica es todavía una de las películas de culto más admiradas (y eso que es cine mudo).

- El gambito Von Goom de Victor Contoski. Relato con un maravilloso humor negro acerca de un ajedrecista del futuro que descubre el único movimiento de ajedrez que es imposible de derrotar. Entiendo que ganó varios premios en su momento y francamente no entiendo como ha sido calificado siempre como relato de ciencia ficción.

- Robots de Isaac Asimov (Uno de los dos maestros de la Ciencia Ficción). Se puede encontrar con diversos nombres (de Robots, Los Robots e incluso Yo Robot desde que lanzaron la película que NADA tiene que ver con ninguno de los cuentos de Mr. Assimov). Una serie de cuentos cortos donde vemos la evolución científica de los denominados cerebros positrónicos y cómo fueron creadas las tres invariables leyes de la robótica (1. Un robot no puede causar daño a un ser humano ni, por omisión, permitir que un ser humano sufra daños. 2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, salvo cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley. 3. Un robot ha de proteger su existencia, siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.). De todos los cuentos, me quedo con Robot AL-76 extraviado en donde las leyes de la robótica le juegan una mala pasada al futuro energético de la humanidad y Evidencia en donde se perfila la mejor solución para el futuro político de la humanidad.

- Historia del Futuro de Robert A. Heilein. El otro gran maestro de la ciencia ficción. Su Historia del Futuro (un contrasentido hecho a propósito, el futuro no puede tener historia), es la unión de varios cuentos distribuidos en cuatro tomos. En ellos vamos desde los inicios de la era nuclear, pasando por la conquista de la luna y por último la conquista y colonización del espacio. La obra completa incluye dos clásicos: El hombre que vendió la luna: La historia de Delos D. Harriman el empresario que decidió que sería un magnífico negocio conquistar la luna mediante la empresa privada y dejar por fuera a los burócratas. Es una verdadera joya. Además la saga termina con Los hijos de Matusalén, relato donde nos presenta una sociedad de longevos (casi inmortales humanos) que son forzados a emigrar de la Tierra por no compartir el secreto de su longevidad, el cuento nos presenta como protagonista al famoso Lazarus Long (Woodrow Wilson Smith de nacimiento, Theodore Braxton, y otros cien nombres más que el tal Lazarus debe usar por que es básicamente un canalla pelirrojo que nadie en su sano juicio dejaría entrar en su casa), el hombre más viejo de la Tierra, que luego será protagonista de varias novelas más de Mr. Heinlein.

Por cierto, ninguno de estos autores vio venir nunca el fenómeno de los blog…

jueves, agosto 10, 2006

Marcos

Siguiendo con la promesa de revisar mi biblioteca, hoy quiero hablar de la primera novela de un autor nacional que cayó en mis manos allá por 1977. Si bien la primera autora nacional que leí (como muchos de mi generación) fue a Carmen Lyra (con sus cuentos de Mi Tía Panchita), la primera vez que me enfrenté a una novela que no era escrita por Julio Verne o Alejandro Dumas fue cuando tomé el libro de Carlos Luis Fallas: Marcos Ramírez, aventuras de un muchacho.
Yo ya había leído para entonces, una versión condensada de Tom Sawyer, por lo que encontrarme con una novela donde un niño de mi edad era el protagonista, pero que en vez de andar por el Sur de los Estados Unidos, andaba caminando por las calles de San José (y de Alajuela, por supuesto), me llamó poderosamente la atención. Marcos Ramírez es una novela de aventuras de fácil lectura para las personas en edad escolar pero que a la vez, cuando lo retomas en la adolescencia o en la madurez, descubres el profundo trasfondo social que contenía, la descripción en primera persona de hechos políticos de nuestra nación en la supuesta época de gloria del liberalismo y además una muy detallada descripción de la forma de vida y el paisaje urbano y rural del Llano de Alajuela, de San José de principios del siglo pasado e incluso un par de paseos a Puntarenas y a Atenas.


Marcos es el centro de la novela, el resto de los personajes son extraordinariamente secundarios (cosa que no ocurre en Tom Sawyer, Calufa no le puso a su Marcos ni un Huck Finn ni una Becky Tatcher). Todos los amigos de Marcos son pasajeros (como lo son los amigos de un niño que pasa cambiando de escuela o en el caso de Marcos, perdiendo algún año). Los familiares de Marcos (salvo Fidelia la madre y Zacarías) sirven de complemento para conducir la narración pero podría prescindirse de alguno y el resultado sería el mismo. Aquí aventuro una crítica, la obra tiene muchos personajes que literalmente sólo están para adornar el paisaje dejando algunas relaciones familiares interesantes en el aire (por ejemplo, en la casa de Marcos había seis hermanas menores las cuales NUNCA son mencionadas).


A pesar de lo anterior, la novela es una maravilla para el lector. Tiene la enorme ventaja que el diálogo es honesto, sin florituras, sin exagerar en demasía los costarriqueñismos, todo en dosis justas y hasta dos mentonazos de madre bien acomodados (uno memorable y que todavía me provoca una carcajada cuando lo leo: el que va dirigido a la suegra de Zacarías después de la batalla con el zorro hediondo). Además la obra viene aderezada por algunas de las mejores leyendas de nuestro folklore, pues nos enteramos por ejemplo, que el verdadero nombre del Cadejos era Lizardo y que la única forma de derrotarlo era mostrarle la cruz de la cruceta.


Contrario a lo que se pueda creer (por la ideología de Calufa), no se percibe en la obra un resentimiento social. Marcos y su familia son pobres pero ni Marcos ni ningún otro personaje es presentado como héroe de clase. Hay una cuantas menciones al discurso social de la izquierda, pero la obra no es un panfleto político. La obra es una novela de aventuras, aventuras de un muchacho y de uno de los buenos. De los torteros, de los que quiebra vidrios, tiene novias, y se da de trompadas con cualquiera. Que falta a la escuela, que es inteligente y que le repugna la autoridad ejercida brutalmente. Que se revela contra el sistema.

Marcos además, como este lector de quien se hizo amigo hace casi treinta años, es fanático de los libros. Ahí señores, Ramírez dejó a Sawyer muy atrás.

Si algún profesor de español cometió el delito de desgraciarles esta novela (como suelen hacerlo impunemente), por favor tómela ahora, y vuelva a ponerse la flecha en el bolsillo. Le apuesto que puedo pegarle a ese pájaro en la ventana de la botica…


PS: Al contrario del Ruiseñor, este libro lo puede leer cualquier niño mayor de seis años y menor de ciento cuarenta y tres.

jueves, julio 06, 2006

Es pecado matar un ruiseñor…

Este es un servicio público para los quince mil abogados que hay en Costa Rica (y los miles de millones que hay en el mundo): Este libro es de tan lectura tan obligatoria como la Teoría Pura del Derecho de Kelsen o la sentencia de Madbury vs Madison. Hay un momento en nuestra carrera profesional en que corremos el riesgo de perder el alma. De volvernos esa criatura ávida de dinero y poder que desde su torre de marfil cree que sus conocimientos y su manejo de la Ley le permiten ser superior a los demás, y dominar el mundo (si vieron el Abogado del Diablo con Pacino, ya saben de qué tipo de abogados estoy hablando). En ese punto de su vida, busque el libro de Harper Lee, y ríndase desde la primera frase:

…yo creo que los abogados también fueron niños…

Harper Lee (1926-?) es una de las novelistas más famosas de los Estados Unidos y ganadora del Premio Pulitzer. Su recreación del sur de los Estados Unidos (Alabama para ser más específicos) en los años previos a la segunda guerra mundial, es uno de los mejores documentos en contra de la hipocresía de la sociedad norteamericana que consideraba suficiente con haber “liberado” a los esclavos africanos pero que los seguía considerando seres sin derechos (nótese que no digo ciudadanos). Aclamada por todo Estados Unidos y el mundo literario, Ms. Lee es famosa además por el hecho de que sólo escribió UNA novela en toda su vida: Matar a un Ruiseñor (To Kill a Mockingbird), inspirada en su relación con su padre, que era abogado y en su vida en el sur de los Estados Unidos.

La novela nos llega a través de los ojos de Jean Louis Finch, apodada Scout, residente en Maycomb Alabama. Es un viaje de tres veranos que comienza la primera vez que su hermano mayor Jem y su amigo Dill Harry (Charles Baker Harry un niño sin padres ni hogar que pasa de familia en familia pero que todos los veranos llega a Maycomb), tratan de comunicarse con Bo Radley, el psicópata del pueblo, que vive en la misma calle que los Finch en la casa que todo barrio tiene y que se caracteriza por parecer una casa de fantasmas.

Scout y Jem son criados por su padre, al cual llaman descaradamente por su nombre Atticus. Mr Finch es el abogado más conocido del pueblo y el más viejo. Viudo y demasiado mayor (más de cincuenta) para estar criando a una niña de seis y a un niño de nueve, Atticus vive su vida bajo un código moral bastante simple: La mejor forma de evitar conflictos es comprender bien la posición de tu adversario, y para hacerlo debes ponerte en sus zapatos: Sólo cuando entiendes las razones por las cuales una persona toma sus decisiones puedes comprender cual es su visión del mundo. Atticus se lo explica a Scout cuando la niña tiene un problema en la escuela: La maestra es recién llegada al pueblo y no sabe que no hay niños que no tienen nada para comer, pero que en su pobreza viven con orgullo. La niña trata de explicárselo de la forma en que los niños hablan (es decir sin rodeos ni hipocresías) y la maestra piensa que la niña se está burlando de ella y la castiga.

Scout está tan furiosa que no desea volver nunca a la escuela, pero Atticus le explica que si ella se pone en los zapatos de su maestra verá que ella también habría reaccionado igual: La maestra no conoce el sur, no conoce la pobreza extrema, no conoce que hay pobreza con orgullo, pero pronto lo aprenderá, Scout debe aprender a tenerle paciencia a su maestra así como la maestra deberá aprender a convivir en Maycomb.

Hasta este punto la novela es sólo un recuento de las aventuras de Scout, Jem y Dill, con las cuales se aprovecha para presentarnos a todos los habitantes de Maycomb, gente bastante decente toda ella, y también a los habitantes del basurero de Maycomb (los Ewell), gente no tan buena (pero blanca, les dirán algunos) y además a los habitantes que tienen que vivir más allá del basurero: los negros de Maycomb, entre ellos dos muy importantes: Carlpurnia, la empleada de los Finch, que ha cuidado a los niños desde que la madre de ellos murió, y Tom Robinson, hombre de familia, trabajador honrado, gran persona, y sospechoso de violar y golpear salvajemente a Mayela Ewell, hija del borracho Bob Ewell, del vago Bob Ewell, del agresor de menores Bob Ewell, que por supuesto cuando le grita al Sheriff que un negro violó a su hija, el Sheriff le cree de inmediato, porque por supuesto Mr. Ewell es blanco.

Por razones que Atticus nunca va a poder entender, el Juez Taylor decide que él debe ser el defensor de Tom Robinson. Defensor de oficio. Sin paga. Atticus se dedica a la actividad privada pero por haber sólo dos abogados en el pueblo más el fiscal de juicio, el Juez puede llamar a Atticus a cubrir una defensa. Mr. Finch tiene la facultad de aceptar o rechazar la defensa, y aquí, en este punto, el colega Atticus Finch debe decidir si a pesar de ser abogado todavía tiene alma en su cuerpo. Mr Finch se encuentra de frente al dilema que todo abogado debe enfrentar en su vida: dejar o no dejar de lado sus principios.

Hay que comprenderlo: Defender a un negro en contra de una mujer blanca. En un caso de violación (un habitante del pueblo lo resume bien: el problema no es que Atticus tenga que defenderlo, el problema es que va a defenderlo es decir Atticus no aceptaría el trabajo si no va a darlo todo por su cliente). Aceptar el caso implica ser considerado un nigger-lover por sus vecinos, sus amigos, todos blancos sureños de Alabama. Será despreciado incluso por miembros de su familia, y como era de esperarse sus hijos serán los que más sufran. En este punto todos sabemos que Tom Robinson es inocente, pero es un negro en un juicio de violación de una mujer blanca, con doce miembros del jurado que, oh casualidad, todos serán blancos. ¿Debe aceptar ese caso? Su hermano Jack se lo pregunta en Navidad… La respuesta debería estar grabada en piedra en las oficinas de todos los bufetes del mundo:

Si no tomo este caso, no podré levantarme en la mañana, no podré ver a mis hijos a los ojos, no podré educarlos, no tendré ninguna autoridad sobre ellos…

Dejar el caso es un acto de cobardía, pero le garantiza la comodidad y la paz. Atticus toma la decisión de su vida y con ella se salva de perder su alma, aunque el precio casi es demasiado alto.

El juicio es una belleza literaria incluso para los que no son abogados: ya que Atticus ha “destruido” toda la evidencia en contra de Robinson. Pero estamos en Alabama, en los 30’s, con un jurado de campesinos, la mayoría iletrados, honestos eso sí, pero que viven aún en el siglo XIX, porque los ciudadanos más honorables y educados de Maycomb se excusan de ser jurados para no ser víctimas del ostracismo que viven ahora los Finch y el caso queda reducido a la palabra del blanco Ewell contra el negro Robinson. En esas circunstancias el discurso final de la defensa es memorable:

Pero hay un lugar en este país en el cual todos los hombres son creados iguales – Existe una institución creada por el hombre que hace a un pobre igual a un Rockefeller, al hombre estúpido igual a un Einstein, y al hombre ignorante igual a cualquier rector de universidad. Esa institución, caballeros, es la corte. Puede ser la Corte Suprema de los Estados Unidos o la más humilde corte de Juez de Paz en la tierra, o esta honorable corte en la que ustedes prestan servicio. Nuestras cortes tienen sus faltas, como cualquier institución humana, pero en este país nuestras cortes son los grandes niveladores, y en nuestras cortes todos los hombres son creados iguales…

Creo que no hace falta contar cómo termina el juicio. Pero sí hay que aclarar que el libro no termina con el final del proceso judicial. Es más el proceso es la excusa que usa la autora para presentarnos cómo vive la sociedad gringa del sur, pero además cómo los padres deben a veces pasar por el infierno para enseñarles a sus hijos a no cometer los mismos pecados de su generación. Todos los niños piensan que su padre es el más grande de los hombres hasta que pierden la inocencia (¡GRACIAS ESCUELAS DEL MUNDO!) y comienzan a ver los defectos. Para Scout y Jem, a una edad muy temprana se habían desencantado de su padre y en esos tres veranos vivieron la redención de Atticus Finch y terminaron dándose cuenta que todavía, su padre es el más grande de los hombres.

Quisiera contárselos todo… casi puedo recitar de memoria todo el libro. Pero los dejo para que lo busquen y lo disfruten, les garantizo que Atticus, Jem, Dill, Bo Radley, y especialmente Scout son el tipo de acompañantes que uno quiere para toda la vida...

NOTAS FINALES: Si bien la protagonista es una niña de 6 años que cuenta la historia de tres veranos (es decir hasta que llega a los 9), este libro no lo recomiendo para niños, a menos que se encuentren en la etapa de la preadolescencia y puedan comprender términos como la violación y el racismo. Además existe una maravillosa película sobre este libro dirigida por Robert Mulligan y protagonizada por Gregory Peck en el mejor papel de su vida. Si encuentra la película (que es más fácil de localizar que el libro), no deje de leer el libro. A su manera, ambos son obras de arte.

viernes, marzo 10, 2006

¿Dónde quedó la lectura?

Cuando tenía doce años la lectura era mi pasión. Siempre recuerdo la emoción inicial de comenzar un libro nuevo, especialmente de un autor que ya conocía y por ende quería ver como me sorprendía (Verne lo logró siempre, otros no tanto). Conforme fui madurando la lectura se volvió parte de mis obligaciones como estudiante, y posteriormente como profesional y profesor. Sin embargo siempre vuelvo a los libros y autores que me entretenían cuando era más joven.


Gracias a las bibliotecas públicas que existen hoy en día en Internet, he recuperado casi doscientos cincuenta clásicos (para no violar derechos de autor) y como si fuera otra vez un jovenzuelo de doce años me he fascinado descubriendo aventuras nuevas que no pude vivir en su momento y que ahora puedo leer. Por fin después de años de búsqueda, Tarzan ha llegado a mis manos, he descubierto que los tres mosqueteros tuvieron una segunda parte memorable y una tercera parte ridícula (al parecer Dumas contrataba escritores a sueldo para que escribieran parte de sus obras y creo que para la tercera parte de sus mosqueteros dejó al inconciente de su hijo –autor de la Dama de la Camelias – que aniquilara el género de los mosqueteros para siempre).

En realidad casi no puedo esperar el momento que mis hijos puedan echarle mano (y ojos) a estos clásicos, y ahí me asalta el pánico: ¿podré convencer a mis hijos del Siglo XXI que leer es una buena idea? Que no es un arte moribundo, sino que realmente es necesario. Mi preocupación viene de la experiencia como profesor, que me ha demostrado que el noventa y cinco por ciento de mis estudiantes, que deberían tener el hábito de la lectura por cuanto se supone aspiran a ser abogados, no leen. No tienen la lectura como pasatiempo. Ignoran quién es Nemo, D’Artagnan, o incluso no conocen a la familia Buendía y ni siquiera fueron capaces de conocer a mi amigo de infancia, vecino de Alajuela y niño problema Marcos Ramírez.

Lo más sorprendente es que dos de mis colegas de la Universidad (con los que tengo una excelente amistad), me han manifestado abiertamente que no tienen “tiempo” para leer cosas que no sean relacionadas con su profesión (aunque en uno de los casos la esposa de uno de ellos estaba leyendo Harry Potter como diversión y preparación para el tiempo en que alguno de sus hijos se le ocurriera leer esos libros).

Admito que la Televisión para mí es un medio fascinante, y que la Internet ha resultado ser tan absorbente como una novela de misterio de Agatha Christie. Pero ninguna de esas dos actividades (las cuales uso y consumo diariamente) me han separado de la lectura recreativa. Pero las nuevas generaciones parece que han abandonado ese hábito, y si algo tengo claro es que los centros de enseñanza (públicos y privados) se niegan a incentivarlo (creo por que los profesores se niegan ellos mismos a leer).

Sólo espero que el ejemplo enseñe a mi hija que puede leer Mujercitas y que es mejor que ver la película y que mi hijo comprenda que nunca habrá mejor interpretación del Corsario Negro que la que él pueda fabricar en su mente. Y para comenzar si me disculpan debo desconectarme para terminar Los Borgia de Mario Puzo, y espero que ustedes disfruten el fin de semana un buen libro.